jueves, 27 de noviembre de 2014

El pretexto del Paraíso religioso


Leyendo el libro Silogismos de la amargura de Emil Cioran, me ha llamado mucho la atención este fragmento de la obra:
"Una naturaleza religiosa se define menos por sus convicciones que por la necesidad de prolongar sus sufrimientos más allá de la muerte."
Cuánta verdad tiene aquí Cioran. La persona religiosa, es el mayor representante de ese deseo irracional y ciego que a todos nos empuja a diario a querer; a querer ser, por el simple hecho de ser.

Y todo eso del paraíso no es más que una burda excusa: lo que el religioso quiere es vivir...sobrevivir. Quieren seguir cumpliendo, como buenos chicos, esa tarea que la naturaleza les ha encomendado. Quieren vivir más, y a ser posible mejor...pero no es necesario que sea mucho mejor: lo importante es seguir existiendo a toda costa, no importa el dolor o el sufrimiento, no se concibe el no-ser, la biología dicta el deseo de vivir, y el religioso lleva este dictamen hasta sus últimas consecuencias: ¡desde su lecho de muerte, piden más!

Valga de ejemplo este artículo que publica hoy el diario El Mundo:
http://www.elmundo.es/espana/2014/11/27/54763b2dca4741d96b8b457c.html

En él, se relata una serie de entrevistas que le hacen a una persona con cáncer terminal, días antes de su muerte. Este hombre, tras una vida de lucha, termina sus días con un doloroso y asfixiante cáncer de pulmón...sin embargo, pide más. En un momento de la entrevista dice:
"Hay que hacerme de todo. Pelarme la fruta, asearme, sacarme a pasear, llevarme al baño... En sólo una semana he notado que la curva va hacia abajo rápidamente. Pero por alguna extraña circunstancia me lo estoy tomando con deportividad. A mí me ayuda muchísimo la fe: estoy muy esperanzado con que, cuando esto acabe, me voy a encontrar con algo plenamente satisfactorio.[...]"
Nadie puede soportar la no-existencia. Esta persona, soporta el sufrimiento y el dolor, y soporta la angustia, porque realmente cree que va a seguir existiendo. Ahí reside el anhelo del creyente; ese es su verdadero y codiciado paraíso, la prolongación de la vida; lo demás son pretextos.

Sin embargo, no saben lo que piden. Prolongar una vida consciente durante una eternidad...eso es, sin ninguna duda, el infierno más atroz que el ser humano pueda imaginar. Lo que ocurre es que, simplemente, se dejan llevar por sus instintos naturales: ¡quieren sobrevivir!

Extractos de Silogismos de la amargura, de Emil Cioran


Silogismos de la amargura, de Emil Cioran (si queréis saber sobre el autor, entrar aquí).

A continuación voy a compartir algunas de las reflexiones más interesantes, en mi opinión, del libro Sologismos de la amargura. Si queréis leer el libro completo, lo podéis descargar en formato PDF desde: (http://www.thule-italia.net/Sitospagnolo/Cioran/Cioran,%20E.%20M.%20-%20Silogismos%20de%20la%20amargura%281%29.pdf):


Si creemos tan ingenuamente en las ideas es porque olvidamos que han sido concebidas por mamíferos. 
La planta padece ligeramente; el animal se las ingenia para enfermar; en el hombre se exaspera la anomalía de todo lo que respira. La Vida, combinación de química y estupor... ¿Acabaremos refugiándonos en el equilibrio del mineral? ¿Franquearemos retrocediendo el reino que de él nos separa para imitar a la piedra normal?
Objeción contra la ciencia: este mundo no merece la pena ser conocido.
No contento con los sufrimientos reales, el ansioso se imponeimaginarios; es un ser para quien la irrealidad existe, debe existir; sinello, ¿dónde encontraría la ración de tormentos que le exige su naturaleza?
Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir...; sufrimos demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su irrealidad. 
Nos repugna llevar hasta sus últimas consecuencias un pensamiento deprimente, aunque sea inatacable; lo soportamos hasta el momento en que nos afecta las entrañas, en que comienza a ser malestar, verdad y desastre de la carne. —Nunca he leído un sermón de Buda o una página de Schopenhauer sin verlo todo de color rosa...
Se acerca el momento en que el escéptico, tras haberlo cuestionado todo, no tendrá ya de qué dudar; será entonces cuando realmente suprimirá su juicio. ¿Qué le quedará? Divertirse o dormitar —la frivolidad o la animalidad.
Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.
El deseo de morir fue mi única preocupación; renuncié a todo por él, incluso a la muerte.
Cualquier sumisión, aunque sea al deseo de morir, desenmascara nuestra fidelidad a la impostura del «yo».
Sólo se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?
Quien vive sin memoria no ha salido aún del Paraíso: las plantas continúan deleitándose en él. Ellas no fueron condenadas al Pecado, a esa imposibilidad de olvidar.: pero nosotros, remordimientos ambulantes, etc., etc. (¡Echar de menos al Paraíso! —Imposible estar más pasado de moda, exagerar más la pasión por lo caduco o el provincialismo.)
El gran crimen del Dolor es haber organizado el Caos, haberlo convertido en universo.
En las fronteras del ser: «Nadie sabrá nunca todo lo que he sufrido y sufro, ni siquiera yo mismo».
En la búsqueda del tormento, en la obstinación de sufrir únicamente el celoso puede competir con el mártir. Sin embargo, se canoniza a uno y se ridiculiza al otro.
¿Quién abusaría de la sexualidad sin la esperanza de perder en ella la razón algo más de un segundo, para el resto de sus días?
En la voluptuosidad, lo mismo que en el pánico, regresamos a nuestros orígenes; el chimpancé, injustamente relegado, alcanza al fin la gloria —mientras dura un grito.
Dos víctimas atareadas, maravilladas de su suplicio, de su sudor sonoro. ¡A qué ceremonial nos obligan la gravedad de los sentidos y la seriedad del cuerpo!
Si los impotentes supieran lo maternal que ha sido con ellos la naturaleza, bendecirían el sueño de sus glándulas y se vanagloriarían de él por las calles.
El universo sonoro: onomatopeya de lo inefable, enigma desplegado, infinito percibido e inaccesible... Cuando se sufre su seducción, ya sólo se concibe el proyecto de hacerse embalsamar en un suspiro.
Si Noé hubiera poseído el don de adivinar el futuro, habría sin duda naufragado.
Para pasar de las cavernas a los salones, hemos necesitado un tiempo considerable; ¿necesitaremos otro tanto para recorrer el camino inverso o quemaremos las etapas? —Pregunta inútil para quienes no presienten la prehistoria...
Creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro.
Sin actuar, sentís la fiebre de las hazañas; sin enemigo, libráis un combate agotador... Es la tensión gratuita de la neurosis, que daría hasta a un tendero escalofríos de general derrotado.
¡Cuánta concentración, cuánto trabajo y tacto hacen falta para destruir nuestra razón de ser.!
En los sueños se manifiesta el loco que hay en cada uno de nosotros; tras haber regido nuestras noches, se duerme en las profundidades del ser, en el seno de la Especie; a veces, sin embargo, le oímos roncar en nuestros pensamientos.
Cada día es un Rubicón en el que anhelo ahogarme.
Una naturaleza religiosa se define menos por sus convicciones que por la necesidad de prolongar sus sufrimientos más allá de la muerte.
«Cuando me afeito», me decía un medio loco, «¿quién, si no Dios, impide que me corte la garganta?» —La fe no sería, a fin de cuentas, más que una artimaña del instinto de conservación. Biología por todas partes...
Es imposible saber si el hombre se servirá aún durante mucho tiempo de la palabra o si recobrará poco a poco el uso del aullido.
Un espermatozoide es un bandido en estado puro.
En pleno hastío, nos deslizamos hacia el punto más bajo del alma y del espacio, hacia las antípodas del éxtasis, hacia las raíces del Vacío.
Apenas adolescente, la perspectiva de la muerte me horrorizaba; para huir de ella corría al burdel o invocaba a los ángeles. Pero con la edad nos acostumbramos a nuestros propios terrores, no hacemos nada por quitárnoslos de encima, nos aburguesamos en el Abismo. —Y si hubo un tiempo en que envidiaba a esos monjes de Egipto que cavaban sus tumbas para llorar sobre ellas, si cavara ahora yo la mía, sería para no arrojar más que colillas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La primera ley de la evolución biológica

 “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”
 Theodosius Dobzhanski

Hace tiempo, escribí una entrada sobre uno de los trabajos que más me ha impresionado desde hace tiempo. Me refiero a esta entrada, donde se puede leer la publicación escrita por Enrique Meléndez-Hevia, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad pública de La Laguna (Islas Canarias).

En este trabajo, el doctor Meléndez-Hevia, hace un completo estudio sobre la relación, o mejor dicho, la reducción, del proceso evolutivo por selección natural, a las leyes físicas subyacentes.

Voy, a continuación, a intentar esquematizar parte de este trabajo en un intento de acercar su contenido a aquellos que no tengan la voluntad suficiente ;), para leer sus casi 50 páginas. Me voy a centrar en la primera pregunta: ¿por qué se ha dado la evolución biológica?

Introducción.

- La vida no tiene unos materiales obligatorios, ni tampoco, en principio, unas condiciones ambientales obligatorias. Pero hay un hecho fundamental. La vida en cada momento es siempre el resultado de un proceso evolutivo. Sin evolución, no hay vida.

- Cualquier fenómeno (y la vida es un fenómeno) es siempre el resultado de al menos tres factores: una causa que lo provoca, que es el porqué, un mecanismo que es el cómo, y una oportunidad que la hace posible, y que incluye todos los diversos factores circunstanciales: el material, el espacio, el tiempo, y alguno más. Y a veces, no siempre, también existe un para qué, una intencionalidad.

1. Las leyes de la evolución biológica

La evolución biológica está gobernada por tres leyes, cuya aplicación responde a las tres preguntas básicas para explicar un suceso: el porqué, el mecanismo, y la oportunidad.

1.1. El porqué: Termodinámica y Entropía.


- La termodinámica es la parte de la ciencia que se ocupa de estudiar las transferencias de energía entre sistemas, y se basa en dos principios: El primero es el de la conservación de la energía y dice que ésta no se puede crear ni destruir, sino sólo transformarse. El segundo principio (o segunda ley) de la termodinámica, dice que cualquier sistema físico aislado evoluciona aumentando su entropía(desorden) hasta alcanzar el máximo posible.

- La entropía puede considerarse como la parte de energía (su equivalente haciendo la transformación pertinente) generada por un sistema, que se gasta en mantener su propia estructura, y que por tanto no es útil para hacer un trabajo.

- la evolución de un sistema implica un aumento de entropía, y ese aumento es mayor cuanto más irreversible sea el camino por el que se ha producido esa evolución. Si el cambio pudiese ser absolutamente reversible, entonces el aumento de entropía sería el mínimo posible.

-
Cuanta más entropía genere por unidad de tiempo la evolución de un sistema, más potencia tendrá. Si la evolución de un sistema fuese absolutamente reversible, sería un sistema inservible, muerto, porque no podría realizar trabajo.

- El Universo evoluciona hacia un aumento incesante de entropía. Sin embargo, es posible que se produzcan disminuciones locales. En la Naturaleza estos fenómenos son frecuentes; como cuando se forma un cristal, cuando se congela el agua de un estanque, o cuando un ave construye un nido reuniendo y colocando materiales diversos con arreglo a un proyecto. Pero en todos estos casos esa disminución local de entropía ha ocurrido a costa de un gasto de energía mucho mayor. Si en la evolución de un sistema particular observamos una disminución de entropía, eso nos dice que todo él está sometido a un campo más general, en el cual la entropía aumenta.

-
Todo lo que pueda promover diferencias en la frecuencia de choques entre dos grupos de partículas, como una diferencia de potencial químico (el cual depende de la concentración de partículas), o de temperatura (que aumenta su energía cinética), será capaz de crear un campo termodinámico.

- Cualquier reacción química se mueve por la acción del campo termodinámico a que está sometida. El segundo principio de la termodinámica afirma que, sometido a la acción de un campo termodinámico, un sistema evoluciona en el sentido de aumentar su entropía.

- Los seres vivos están sometidos a varios campos termodinámicos debidos principalmente a las reacciones químicas de la biología.

Resumen: Tenemos así que la segunda ley de la termodinámica es la ley fundamental tras la evolución de cualquier sistema. Y como también sabemos que la vida está sometida a campos termodinámicos debidos a las reacciones químicas que la sustentan, hay que considerar el segundo principio de la termodinámica como la primera ley de la evolución biológica, y eso nos da la respuesta a la pregunta del porqué de la evolución de la vida en la Tierra.


jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Qué es la felicidad?

"La felicidad es solamente la ausencia del dolor"
Arthur Schopenhauer
La felicidad, no es más que ese concepto abstracto que todos poseemos de serie, y que viene a ser como la zanahoria al burro. Nos empuja a diario a hacer todo lo que la naturaleza "quiere".
Miremos la pirámide de Maslow: la felicidad ideal que siempre tenemos en mente, es el equivalente a tener resuelto a la vez todos los escalones de las necesidades humanas, y además, por un tiempo continuado...y eso es algo absurdo. No es posible suplir todas las necesidades, y mucho menos por un tiempo ilimitado. E incluso en el hipotético caso de tener más o menos todos los niveles de la pirámide cubiertos, todavía quedaría un nivel más que no aparece: superar el tedio o hastío.

Pirámide de Maslow de las necesidades humanas

Cuando se tiene todo, es el momento en que más fácilmente se ve el engaño de la zanahoria. Es cuando tomamos conciencia de nuestro vacío existencial. Ese aburrimiento padecido, es el reconocimiento espontáneo del absurdo de nuestra vida: ¡somos marionetas dentro de una estúpida obra de teatro! 
En principio, venimos de serie con todas estas necesidades. Y, por otra parte, venimos equipados con un sistema bioquímico de premios y castigos. Si actuamos en favor de las necesidades humanas y conseguimos objetivos: premio (se librearan dopaminas). Si no actúas en favor de los intereses naturales (o si fracasas en el intento): castigo (dolor físico o mental).
Es decir; la naturaleza "necesita" la supervivencia y la reproducción, y ha creado un completo sistema acorde a sus necesidades. Nos muestra la zanahoria y, con esa promesa, nos empuja tras la captura de un ilusorio cese del dolor. Y sólo en el momento que alcanzamos la zanahoria (al satisfacer una necesidad), somos testigos de la artimaña (en un fugaz instante revelador): ¡hemos sido victimas de un chantaje! Pero inmediatamente, una nueva necesidad aparece, y olvidamos ese cruel engaño pasado, tras la pista del nuevo señuelo. Y así vivimos en un continuo bucle, persiguiendo un fantasma utópico, una vez tras otra, hasta que caemos muertos en la tumba.
Cada día, al igual que Sísifo, nos vemos obligados a subir una pesada carga; pero no a la cima de una montaña, sino a la cima de una pirámide: la pirámide de Maslow.
Un saludo.
Edito para añadir un pequeño debate sobre este asunto que he mantenido en facebook con una amiga:
  • Pilar P Castiñeira (Se te ha enquistao el hastio Samuel....). Si hay sufrimiento mejor estar muerto. Lo tengo claro. Pero si no lo hay...
    36 min · Me gusta
  • Pilar P Castiñeira nuestro objetivo como seres humanos deberia ser erradicar en lo medida de lo posible el sufrimiento, no fomentarlo (que es lo que estupida y paradojicamente hacemos)
    31 min · Editado · Me gusta
  • Samuel Pilar P Castiñeira, no es enquistamiento. A ver si consigues entender mi postura bien:

    El mundo es sufrimiento. Y es sufrimiento porque tenemos de fábrica un sistema neuroendocrino que nos castiga en cuanto no satisfacemos las necesidades que la evolu
    ción ha dictado (incluso intentarlo y fracasar es motivo de dolor). 

    Las necesidades que debemos obligatoriamente suplir (so pena de padecer dolor y sufrimiento) son infinitas: literalmente. No importa cuanto te afanes, siempre aparecen nuevas necesidades (humanas) que satisfacer (observa la pirámide de Maslow). TODOS los días hay que empezar a subir la pirámide desde que abrimos los ojos al despertar.

    Tenemos pues infinitas necesidades, las cuales deseamos y necesitamos satisfacer. En cuanto una de ellas no pueda ser satisfecha, el dolor y el sufrimiento hace acto de presencia. Luego, no importa cuanto pretenda el hombre mejorar, esa pirámide siempre estará ahí, junto con su penalización asociada en caso de fracaso.

    El mundo es por lo tanto mayormente dolor y sufrimiento, y esa ilusoria idea que todos tenemos de felicidad, no es más que nuestro deseo imperioso de librarnos de esta absurda pantomima que es la vida. Como dice Schopenhauer: "la felicidad es la ausencia de dolor",y de ahí viene su utópica esencia: no es posible liberarse por completo del dolor, ergo no es posible ser feliz.

    Un saludo, amiga mía.
    Hace un momento · Me gusta

domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Es el universo consecuencia de una computación trascendente?


Me ha surgido la siguiente reflexión leyendo un artículo en el blog Cuentos Cuánticos (http://cuentos-cuanticos.com/2014/11/14/neutrino-history-whats-next-organizando-particulas-1/):

En este artículo que comento, el autor hace un pequeño resumen sobre lo que es para la física actual una partícula:
¿Qué es en física una partícula? Pues no, no es una bolita que se mueve por ahí.  Desgraciadamente esa imagen es incorrecta ya que en la descripción de las partículas fundamentales tenemos que incorporar nociones de relatividad y de mecánica cuántica.  Las cosas no tienen formas definidas, las cosas no siguen caminos definidos, las cosas se mueven muy rápido.  Las cosas se convierten unas en otras si la energía así lo permite y si todas las cargas antes y después del proceso son iguales.
¿No veis una correlación muy grande entre esta descripción, y lo que nosotros hacemos cuando programamos nuestros ordenadores para simular una realidad física?

De hecho, la probabilidad que hay detrás de la mecánica cuántica, es fácilmente explicable en estos términos: sencillamente, esa probabilidad para cada tipo de evento, habría sido determinada por un programador trascendente.

Es sólo una posibilidad metafísica más, pero es interesante por lo completa que es: el universo sería así sólo el resultado de una computación física trascendente. La conservación de la energía y de la carga, serían únicamente reglas que el programa debe seguir en su procesar. Y, por ejemplo; la probabilidad de que un neutrón decaiga en un protón más un par electrón-neutrino, estaría también programada; y un sería un contador (o timer) el que aplicaría esa probabilidad cada cierto intervalo de tiempo.

También se podría explicar de este modo el fino ajuste que parecen presentar las constantes fundamentales de la física. No sería casualidad, sino un ajuste explícito de los programadores trascendentes, de modo que pudieran surgir estructuras materiales complejas durante la ejecución del programa.

Y, por último, es una hipótesis que serviría de soporte a la idea actual que defiende la física sobre el multiverso. Nuestro universo podría ser uno más de entre una infinidad de otros universos computados por el ordenador trascendente. De hecho, esta sería la mejor forma (la más sencilla) de "encontrar" los parámetros adecuados para las constantes fundamentales de un universo capaz de albergar estructuras materiales complejas:

Esos supuestos programadores trascendentes podrían haber generado un programa iterativo donde se fuesen probando los diversos valores para las constantes fundamentales, y observar luego el resultado obtenido en cada iteración. Más tarde, según fuese dicho resultado, se ajustarían de nuevo los parámetros de los universos más prometedores de la iteración anterior. Este proceso sería similar al seguido por nosotros en la computación evolutiva, y permitiría encontrar rápidamente los valores óptimos más adecuados para emular universos "habitables".

En fin, no es más que una meditación de un aburrido domingo por la tarde. Pero podría ser la Verdad oculta tras el mundo ;).

Un saludo.

---- EDITO (18/11/2014)

Voy a transcribir una conversación que he mantenido en un foro de Facebook en un grupo sobre ciencia, hablando al respecto de esta entrada en concreto:

  • Marcos García Personalmente me atrae tan poco esta posibildad como la de la panspermia: sólo sirve para mandar el problema de la realidad a otro sitio. Porque, si el universo es "sólo" una simulación ¿cuáles son las características de la realidad en la que se simula? 23 h · Me gusta
  • Samuel No se puede conocer las caracteristicas de la realidad que simula, porque es una realidad trascendente. Pero aunque esta solo sea una metafisica tan posible como cualquier otra, es muy elegante y de una gran capacidad explicativa: es muy completa. 
    23 h · Editado · Me gusta
  • Marcos García Permíteme discrepar en lo de "gran capacidad explicativa": el concepto de que el universo es una simulación _no explica nada_. Y, lo que es peor, aumenta la complejidad de lo que hay que estudiar sin evidencia alguna que lo apoye. Occam se lo pasaría pipa 
    En cuanto a la elegancia... nada en el universo se rige necesariamente, por lo que se sabe hasta ahora, por criterios de elegancia. Que seamos capaces de reducir la complejidad de los sucesos a ecuaciones relativamente simples no las convierte en elegantes: las convierte en eficaces.
    22 h · Me gusta · 1
  • Louis le Hutin Esto sólo lleva el problema a otro nivel. Si somos una simulación, alguien está simulando. ¿En qué universo? ¿Con qué leyes? ¿Cómo surgió esa inteligencia?
    7 h · Me gusta
  • Samuel No lo entendeis: se trata de una explicacion trascendente. No aplica Occam, porque hablamos de metafisica. Se quiera o no, debe haber una explicacion trascendente para las leyes naturales que describimos: algo debe haber tras ellas, porque debe haber una razon de que las leyes sean las que son, en lugar de ser de otra manera, o de no haber nada en absoluto. Y es en este sentido, donde esta explicacion trascendente de que somos productos de un computador trascendente es elegante y completa.  Y claro que lo que se hace es pasar el problema a otro nivel: al nivel trascendente del que poco se puede conocer. Negar lo trascendente tampoco arregla el problema porque sencillamente deja la pregunta sin respuesta.
    49 min · Editado · Me gusta
  • Marcos García Samuel:
    Lo siento, pero no tiene por qué haber una explicación trascendente para las leyes naturales, eso es teleología (sin evidencias que la apoyen). Por eso Occam es aplicable: añade complejidad innecesaria a la vista de las evidencias 
    que se conocen actualmente.
    Tampoco es metafísica: la hipótesis de la simulación es una hipótesis, si mal no recuerdo, falsable. El problema es que por ahora no hay evidencia que concuerde con ella.
    Ya he dicho antes que no es elegante simplemente porque tú lo digas. De hecho, a mí me parece una chapuza  . Y no es ni mucho menos completa, como te ha indicado Louis le Hutin: simplemente traslada el problema de las reglas de la realidad a un ámbito mayor.
    10 min · Me gusta
  • Samuel Marcos García, el que no haya una explicación trascendente, es ya una hipótesis metafísica irrefutable e incompleta. La hipótesis de la simulación también es irrefutable (si consigues falsarla o corroborarla te espera un premio nobel de los históricos). Es decir; que recuerdas mal.
    Si no hay nada trascendente, tenemos leyes y fenómenos que simplemente aparecen sin razón de la nada, eso sí que es una explicación chapucera y compleja: ¿no te parece complejo que las cosas sean como son porque sí, porque tú así lo creas?
    Sin embargo, introducir una explicación trascendente que sea completa (en el sentido de que da cuenta de por qué todas las cosas son como son) es algo elegante y simple: todo es como es, por ejemplo; porque somos fruto de una programación trascendente que así lo establece. Fácil, elegante y sencillo.
    Tú propones que las cosas son como son porque sí, que no son de otro modo porque no, y que no hay más que hablar: eso es algo poco elegante e improbable: aquí sí que se pondría las botas Occam.

    En fin: un saludo, amigo.
    2 min · Editado · Me gusta

sábado, 15 de noviembre de 2014

Videoblog: primer intento


Como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo mi primer intento de realizar una entrada audiovisual a modo de videoblog. Aún no me llevo bien con la edición de vídeo, y hay que verlo más como una prueba para futuras entradas que otra cosa ;).

video


Las citas utilizadas en el vídeo son:
"Al mundo me trajeron sin mi consentimiento y los ojos abrí con sorpresa infinita, partiré después de reposarme un tiempo sin saber la razón de mi entrada y salida." 
"Llegado a este Universo el porqué ignorando y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre, salgo de él como el viento que el desierto cruzando, sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando." 
Omar Khayyám 
Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada.
(Schopenhauer; Parerga y paralipomena, 1851)

viernes, 14 de noviembre de 2014

Mis aforismos de andar por casa


Inspirado por la entrada que escribí ayer sobre Emil Cioran, os voy a dejar hoy algunos aforismos que he escrito personalmente. Es muy probable que sean malos, aunque sinceramente, espero que alguno merezca algo la pena. Se agradecen comentarios y/o críticas ;).

Somos presos de nuestra mente. Pero unos presos agradecidos; de esos que son capaces de vender a cualquiera por unos minutos de satisfacción. 
La vida es extraña. Cada domingo, hablo con una anciana que siempre me responde al saludo con una sonrisa y diciendo: "aquí estoy, Samuel; sigo viva", como si su única meta hubiese sido sobrevivir una semana más. Y realmente creo que es así: vive por vivir.
¿Te crees libre? Intenta no pensar en nada durante el día de hoy.
Qué simpático me parece el credo cristiano: ¡ruegan por vivir una eternidad! Pobres idiotas, no saben que lo que en realidad están anhelando es el infierno.
 Quiero, quiero, quiero, quiero...pero, Dios mío, ¡¿para qué quiero?!
Capitalismo, comunismo, socialismo, izquierdas y derechas...¡palabras! Lo único que existe en realidad, es el interés personal maquillado por un poco de marketing.
La Nada. Bendita palabra. La sentí durante millones de años, y la deseo para toda la eternidad.
 A veces pienso que el hombre no ha hecho jamás nada que merezca la pena de admiración: y entonces recuerdo la música. El único legado de valor que dejaremos al Universo.
 BEETHOVEN, Concierto para Piano nº5 "Emperor"
No hay nada más descorazonador, que observar, tras el orgasmo; cómo hemos sido vilmente manipulados por la naturaleza. Ésta nos embauca y nos engatusa regalándonos un poquito de placer; y nosotros, como buenas ovejas, aceptamos con gusto las órdenes de nuestro pastor. Apenas podemos pararnos a pensar en la mamarrachada que nuestro amo nos hace hacer: meter una protuberancia en un orificio para escupir luego un viscoso líquido.
- ¡Come niño! estudia, aprende, y crece sano. Consigue un buen trabajo, forma una familia y ¡dame nietos! 
- Pero, ¿para qué quieres que haga todo eso mamá? 

- .....

Bueno. Lo dejo aquí porque no sé si estoy haciendo el mamarracho xDD, o si he escrito algo que merezca la pena al menos de leer. Ya me iréis contando si os parece interesante.

¡Un saludo!

jueves, 13 de noviembre de 2014

Extractos del libro Ese maldito yo, de Emil Cioran


Ese maldito yo, es una obra del escritor y filósofo rumano Émile Michel Cioran. Su título original es Aveux et anathèmes y fue publicada en 1986. Es un libro de reflexiones filosóficas dividido en seis secciones escritas en aforismos. Sus temas principales son la edad, el tiempo, la divinidad, la religión y la muerte.


Si queréis saber más sobre Emil Cioran, podéis entrar aquí.

A continuación voy a compartir algunas de las reflexiones más interesantes, en mi opinión, de este libro. Si queréis leer el libro completo, lo podéis descargar en formato PDF desde: (http://crimideia.com.br/blog/wp-content/uploads/2010/02/emil-cioran-ese-maldito-yo28198729.pdf):




Mientras me exponía sus proyectos, le escuchaba sin poder olvidar que no le quedaban más que unos días de vida. Qué locura la suya de hablar de futuro, de su futuro. Pero, ya en la calle, ¿cómo no pensar que a fin de cuentas la diferencia no es tan grande entre un mortal y un moribundo? Lo absurdo de hacer proyectos es sólo un poco más evidente en el segundo caso.
El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.
Muy injustamente, se otorga al tedio un estatuto menor que a la angustia. En realidad es más virulento que ella, pero le repelen las demostraciones que tanto le gustan a aquélla. Más modesto y sin embargo más devastador, puede surgir en cualquier momento, mientras que la angustia, distante, se reserva para las grandes ocasiones.
No habiendo sabido nunca lo que busco en este mundo, sigo esperando a quien pueda decirme lo que busca él.
Para engañar a la melancolía hay que moverse sin tregua. En cuanto nos detenemos, ella se despierta, si es que alguna vez se adormeció realmente.
Toda victoria es más o menos una falacia. Sólo nos afecta en la superficie, mientras que las derrotas, por muy pequelas que sean, nos hieren en lo más profundo de nuestro ser, donde procurarán no hacerse olvidar, de manera que, suceda lo que suceda, podemos contar con su compañía.
No sé qué sed diabólica me impide romper mi pacto con mi aliento.
En cuanto salgo a la calle, pienso: «¡Qué perfección en la parodia del Infierno!».
Lo que aún me apega a las cosas es una sed heredada de antepasados que llevaron la curiosidad de existir hasta la ignominia.
El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
¿Para qué nos agitamos tanto? Para volver a ser lo que éramos antes de ser.
Habiendo vivido día tras día en compañía del Suicidio, sería injusto e ingrato que lo denigrara ahora. ¿Existe algo más sano, más natural? Lo que no lo es, es el apetito rabioso de existir, tara grave, tara por excelencia, mi tara...
Existe, es evidente, una melancolía sobre la que a veces actúan los fármacos; existe otra, subyacente a nuestras explosiones de alegría, que nos acompaña constantemente, sin dejarnos solos ni un instante. De esa maléfica presencia nada nos permite librarnos: ella es nuestro «yo» frente a sí mismo para siempre.
El medio más seguro de no perder la razón inmediatamente: recordar que todo es irreal que lo seguirá siendo...
Intento en vano imaginar el cosmos sin... mí. Afortunadamente, la muerte se apresurará a remediar la insuficiencia de mi imaginación.
Muriendo nos convertimos en los dueños del mundo.
Abro una antología de textos religiosos y caigo de entrada sobre esta frase de Buda: «Ningún objeto merece ser deseado». -Cierro inmediatamente el libro, pues tras eso, ¿qué leer?
Si un gobierno decretara en pleno verano que las vacaciones son prolongadas indefinidamente y que, so pena de muerte, nadie debe abandonar el paraíso en que se encuentra, se producirían suicidios en masa y masacres sin precedentes.
Confiaba en poder asistir en vida a la desaparición de nuestra especie. Pero los dioses no me han sido favorables.
Nadie tanto como él tenía el sentido de la irrealidad de todo. Cada vez que le hablaba de ello me citaba, con una sonrisa cómplice, la palabra sánscrita lila, que significa gratuidad absoluta según el Vedanta, creación del mundo por diversión divina. ¡Cuánto reímos juntos de todo! Y ahora él, el más jovial de los desengañados, se encuentra bajo tierra por culpa suya, por haberse dignado tomar por una vez la nada en serio.
La ansiedad, lejos de proceder de un desequilibrio nervioso, se apoya en la constitución misma de este mundo, y no vemos por qué no estaríamos ansiosos en cada instante, dado que el tiempo mismo no es más que ansiedad en plena expansión, una ansiedad de la que no distinguimos el comienzo ni el final, una ansiedad eternamente conquistadora.
Cuanto más se ha sufrido, menos se reivindica. Protestar es una prueba de que no se ha atravesado ningún infierno.
El sueño, mucho más que el tiempo, es el antídoto ideal contra las congojas. El insomnio, por el contrario, amplificando la mínima contrariedad y convirtiéndola en tragedia, vela sobre nuestras heridas, impidiendo que se marchiten.
En lugar de observar el rostro de los transeúntes, me fijé en sus pies, y todos aquellos agitados se redujeron a pasos que se precipitaban -¿hacia qué? Y me pareció evidente que nuestra misión era rozar el polvo en busca de un misterio carente de seriedad.
¿Cómo explicar que el hecho de no haber sido, que la ausencia colosal que precede al nacimiento no parezca incomodar a nadie, y que aquel a quien le perturba no le perturbe demasiado?
Las nubes pasaban. En el silencio de la noche, hubiera podido oírse el ruido que hacían apresurándose. ¿Por qué nos hallamos aquí, qué sentido puede tener nuestra presencia ínfima? Pregunta sin respuesta a la cual, sin embargo, respondí espontáneamente, sin la menor reflexión, y sin sonrojarme por haber proferido una insigne trivialidad: «Estamos aquí para torturarnos, y únicamente para eso».
Aunque aparecidos tardíamente, seremos envidiados por nuestros inmediatos sucesores, y aún más por nuestros sucesores lejanos. Para ellos seremos privilegiados, y con razón, pues más nos vale estar lo más lejos posible del futuro.
Ningún pensamiento más corrosivo ni más tranquilizador que el pensamiento de la muerte. Si lo rumiamos hasta el punto de no poder prescindir de él es sin duda a causa de esa doble cualidad. Qué suerte encontrar dentro de un mismo instante un veneno y un remedio, una revelación que nos mata y que nos hace vivir, un tóxico fortificante.
Un cráneo expuesto en una vitrina es ya un desafío; un esqueleto entero, un escándalo. ¿Cómo el pobre transeúnte, aunque sólo le eche una mirada furtiva, se dedicará luego a sus tareas? ¿Y con qué ánimo irá el enamorado a su cita? Con mayor motivo, una observación prolongada de nuestra última metamorfosis no podrá más que disuadir deseos y delirios. ...De ahí que, alejándome de aquel escaparate, no pudiera sino maldecir semejante horror vertical y su sarcástica sonrisa ininterrumpida.
Parecerse a un corredor que se detiene en plena carrera para intentar comprender qué sentido tiene correr. Meditar es un signo de sofoco.
«Lo que es transitorio es dolor; lo que es dolor es no-yo. Lo que es no-yo no es mío, yo no soy ello, ello no soy yo» (Samyutta Nikaya). Lo que es dolor es no yo. Difícil, imposible estar de acuerdo con el budismo sobre este punto, capital sin embargo. El dolor es lo que más somos nosotros mismos, lo más yo. Extraña religión: ve dolor por todas partes y al mismo tiempo lo declara irreal.
Se necesita una inmensa humildad para morir. Lo raro es que todo el mundo la posea.
Toda forma de progreso es una perversión, en el sentido de que el ser es una perversión del no-ser.
La prueba de que un acto generoso es un acto contra natura, es que suscita unas veces inmediatamente, otras meses o años después, un malestar que no nos atrevemos a confesar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
En aquel funeral no se hablaba más que de sombra y de sueño y de polvo que vuelve al polvo. Luego, sin transición, se prometió al muerto alegría eterna, etc., etc. Tanta inconsecuencia me exasperó y me hizo abandonar tanto al pope como al difunto. Ya en la calle, no pude dejar de pensar que no era yo el más indicado para protestar contra quienes se contradicen tan ostensiblemente.
Se insiste sobre las enfermedades de la voluntad y se olvida que la voluntad como tal es sospechosa, y que no es normal desear.
El padecimiento que supone cada nueva estación... La naturaleza cambia y se renueva únicamente para golpearnos.
¿Para qué sirve nuestro cuerpo sino para hacernos comprender lo que la palabra torturador significa?
Este transeúnte, ¿qué busca, por qué vive? ¿Y ese niño, y su madre, y ese viejo? Todo el mundo me exasperó durante aquel maldito paseo. Al final entré en una carnicería donde había colgada más o menos la mitad de una vaca. Ante semejante espectáculo estuve a punto de sufrir una crisis de llanto.
Siempre hay alguien por encima de uno: más allá del propio Dios se eleva la Nada.
¿Qué son los atormentados sino mártires agriados por ignorar en nombre de quién inmolarse?
En todas las épocas de la existencia descubrimos que la vida es un error. Sin embargó, a los quince años se trata de una revelación en la que entra un estremecimiento de terror y una pizca de magia. Con el tiempo, esa revelación, degenerada, se convierte en una perogrullada, y es así como echamos de menos la época en que era fuente de sorpresas. En la primavera de 1937, paseando por el parque del hospital psiquiátrico de Sibiu, en Transilvania, fui abordado por un «huésped». Intercambiamos algunas palabras y luego le dije: «Se está bien aquí». -«Es cierto. Merece la pena estar loco», me respondió. «Pero está usted, a pesar de todo, en una especie de prisión.» -«Si usted quiere, pero aquí se vive sin la menor preocupación. Además, la guerra se acerca, usted lo sabe tan bien como yo, y este lugar es seguro. No se nos moviliza y no se bombardea un manicomio. Si yo fuera usted, me haría internar inmediatamente.» Turbado y maravillado, le dejé e intenté informarme sobre él. Se me aseguró que estaba realmente loco. Loco o no, nunca nadie me ha dado un consejo más razonable.
Dejar de existir no significa nada, no puede significar nada. ¿Para qué ocuparse de lo que sobrevive a una irrealidad, de una apariencia que sucede a otra apariencia? La muerte no es efectivamente nada, o todo lo más un simulacro de misterio, como la propia vida. Propaganda antimetafísica de los cementerios...
Si se me pidiese que resumiera lo más brevemente posible mi visión de las cosas, que la redujese a su mínima expresión, en lugar de palabras escribiría un signo de exclamación un ! definitivo.
Asombrosa falta de necesidad: la Vida, improvisación, fantasía de la materia, química efímera...
A un viejo amigo que me anuncia su decisión de acabar con su vida, le respondo que no hay que darse demasiada prisa, que la última parte del juego no carece totalmente de atractivo, que puede uno avenirse hasta con lo Intolerable, a condición de no olvidar jamás que todo es bluff, bluff generador de suplicios...
Sólo la planta se acerca a la «sabiduría»; el animal es incapaz de alcanzarla. En cuanto al hombre... La Naturaleza debería haberse limitado al vegetal, en lugar de descalificarse por gusto de lo insólito.
Nada comparable a la emergencia del hastío en el momento de despertarse. Ella nos hace remontar miles de millones de años hacia atrás, hasta los primeros signos, hasta los pródromos del ser, de hecho hasta el comienzo mismo del hastío.
Lo maravilloso de esta vida es que cada día nos aporta una nueva razón de desaparecer.
La existencia podría justificarse si todo el mundo se comportase como si fuese el último ser vivo.
Habría que estar tan poco al corriente de todo como un ángel o un subnormal para creer que la calaverada humana puede acabar bien.
Sobre un planeta gangrenado deberíamos abstenernos de hacer proyectos, pero seguimos haciéndolos, dado que el optimismo es, como se sabe, un tic de agonizante.
Mientras quede un solo dios de pie la tarea del hombre no se habrá acabado.
Después de todo, yo tampoco he perdido el tiempo, yo también me he zangoloteado como todo hijo de vecino en este universo descabellado.
-Usted dijo alguna vez que sólo se suicidan los optimistas... -Lo dije ante mi imposibilidad de superar la dialéctica que es la forma más elemental del pensamiento, la infancia de la reflexión. De esta manera, si nada valoramos de la vida, ¿qué podríamos valorar de la muerte?
El tedio es una forma de ansiedad, pero de una ansiedad depurada de miedo. Cuando nos aburrimos no tememos, en efecto, nada, salvo el aburrimiento mismo.
Tras tantos años, tras toda una vida, volví a verla. «¿Por qué lloras?», le pregunté de entrada. «No lloro», me respondió. Y en efecto no lloraba, me sonreía, pero habiendo la edad deformado sus rasgos la alegría no podía ya acceder a su rostro, en el que se hubiera podido leer: «Quien no muera joven, se arrepentirá tarde o temprano».
Aunque aparecidos tardíamente, seremos envidiados por nuestros inmediatos sucesores, y aún más por nuestros sucesores lejanos. Para ellos seremos privilegiados, y con razón, pues más nos vale estar lo más lejos posible del futuro.