miércoles, 25 de noviembre de 2015

Relato corto (II): Y llegó el día...


"No hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo."

 "En este mismo momento, por todas partes, millares y millares están a punto de expirar, mientras que yo, aferrado a mi estilográfica, busco en vano una palabra para comentar su agonía."
(Emil Cioran)

Y llegó el día...

I

      No puedo creer que algo así esté ocurriendo. La pesadilla de mi juventud es ya más que una realidad. No tiene ya sentido seguir atento al televisor, porque ya está todo decidido: la muerte nos llegará a todos al cabo de unas horas, si no minutos.
      Era algo que se veía venir, pero que nadie quiso creer. Hacía décadas que todos los países se afanaban por conseguir controlar los últimos pozos petrolíferos rentables del planeta, y era cuestión de tiempo que la inestabilidad política y social que había generado el ocaso de las fuentes de energía fósiles llevase a un conflicto armado a gran escala. Sí, era algo que se veía venir...pero en realidad poco se podía hacer: todos querían lo poquito que quedaba, y nadie daría su brazo a torcer. 
      Así que finalmente llegó el día. La humanidad tiene los minutos contados, o; al menos, los tiene su civilización. Y, claro, hay rumores de bunkers aquí y allá, y es cierto que muchos que habían previsto este desenlace y que disponían de recursos suficientes, han creado fortificaciones bastantes bien preparadas...pero de nada serviría aguantar un año o dos debajo de tierra cuando todo el arsenal nuclear de que disponen las potencias mundiales esta ahora mismo volando hacia su destino. Es un hecho que en los últimos tiempos la proliferación de armas nucleares se ha incrementado por diez, sin duda como un intento por repetir la estabilidad que la seguridad en la aniquilación mutua consiguió en el siglo XX; pero finalmente esta proliferación sólo va a servir para que sean hoy miles las nuevas bombas nucleares que caigan, produciendo luego la mayor lluvia radiactiva imaginable. Cualquiera que sobreviva al día de hoy, estará condenado a una breve y tormentosa existencia el día de mañana...

II

      Una bomba de hidrógeno había arrasado una ciudad americana hacía unas horas (se cree que ha sido Washington D.C., pero no se sabe con seguridad), y ya se ven desde mi casa las estelas que los misiles dejan tras de sí. Todo ha comenzado...y ahora tengo que afrontar el hecho de morir abrasado dentro de unos minutos.
      Mis dos hijas están junto a mí, y mi esposa llora abrazando a mis tres nietos. Todos sabemos lo que nos esperaba a continuación, menos estas tres personitas que no llegarán ni de lejos a la adolescencia: están serios y nos observaban, desde su inocencia, sin comprender bien el porqué del llanto y la desesperación de sus mayores. Aunque, siendo sinceros, yo tampoco comprendo bien el porqué de la agonía que nos espera a tantos y tantos desgraciados en unos segundos: todo por el petróleo...todo por el interés, por querer acaparar el mayor número de recursos posibles...todo por culpa, sin duda, de la propia naturaleza humana. 
      Tengo en estos momentos 76 años de edad, y hace ya mucho tiempo que no le presto atención a cuestiones científicas ni filosóficas (desde hace años simplemente me dejo llevar), pero recuerdo claramente aquella época en que no paraba día y noche de pretender entender el mundo. Eso fue hasta que me pareció que más o menos ya lo comprendía todo. Desde ese momento, me limito a un llanto intelectual interno: ese llanto sin motivo que es señal, dicen, de sabiduría. Sí...hacía ya mucho que había comprendido lo absurdo de la existencia, y también el sinsentido del "sentido" evolutivo que conforma nuestra esencia. Porque es esta misma esencia, este ímpetu natural y compartido por todo ser vivo de querer y necesitar acaparar y consumir recursos lo que había finalmente desestabilizado nuestra convivencia social. Sí, desgraciadamente era inevitable que esto ocurriera: nuestra naturaleza es la causa natural de que ahora mismo miles de artefactos con cargas nucleares estén aniquilando a miles de millones de personas...¡Por Dios, suena tan increíble! Ni siquiera viendo, como estoy en este instante, volar literalmente estas armas puedo creer que la humanidad vaya a desaparecer en unos instantes. Por favor, ¡tanto dolor para qué!...


III

      Ya tiembla el suelo. No se ve desde el patio de mi casa aún ninguna bola de fuego ni nada similar, pero el suelo tiembla. Seguramente algún misil habrá caído a varios cientos de kilómetros. El próximo seguramente será visible...¡No!, por favor, que esto pare antes, no quiero ver llegar una bola de fuego hacia mis familias, ¡no quiero ver como se abrasan vivos, joder! Si tuviese ahora mismo aquí una pistola acabaría con nuestras vidas antes de tener que ver este desenlace...pero, no; creo que lo tendré que presenciar todo, y es poco probable que un proyectil impacte lo suficientemente cerca de mi zona como para que la muerte sea instantánea: ¡Oh, Dios! Estamos jodidos.
     No hay nada que hacer, ni ningún sitio al que correr. Lo único que queda es abrazarse y llorar. Así que me limito a aferrarme a mis seres queridos, y a mirar desde el jardín de mi casa hacia el cielo. Sólo queda esperar con el corazón encogido el lugar desde el que la muerte nos llegará. Tantos años vividos; tantos años de sacrificio y lucha para terminar así, viendo morir a toda mi familia, viendo morir a aquello que le ha dado sentido a mi vida desde hace más de 50 años.
    ¡Joder! ¡Ha tenido que caer uno cerca!, se puede ver a lo lejos la forma de ese hongo atómico que tantas veces hemos visto en la televisión y en las películas. El suelo tiembla mucho, y el cielo ha cambiado de color por completo: ¿será este el que nos mate? ¡Dios! ¡Para qué, joder! ¿Para qué ha servido la existencia? ¿Para qué fue la constante y vehemente lucha que durante milenios ha padecido la raza humana? ¿Ha hecho acaso la humanidad algo que merezca la pena a parte de parir hijos y consumir recursos, algo de interés que vaya a sobrevivir hoy nuestra extinción? ¡¡Para qué entonces tanto dolor!!...¡Ahí viene! Mierda, no, ahí viene el fuego, ¡joder!:
-¡Mary, ven! ¡Trae a las niñas, Mary! Venid todos abrazarme, fuerte. No pasa nada, ¡no pasa nada! No miréis, no miréis allí, mirarme a mí. No va a pasar nada, ¿vale? Cuando todo esto pase todo será mejor. Será como cuando estamos en un profundo sueño, ¿comprendéis? No tengáis miedo a la muerte. Todo será como antes de nacer, ¿vale? ¿Me entendéis? Dejaremos de existir y todo terminará: no más dolor ni más miedo. Venga, venid aquí, ¡vamos a abrazarnos todos! Y no miréis, ¿vale?...
- Samuel, ¡hace calor!...
- ¡Mary, cálmate preciosa! ¡Tranquila! ¡Ya pasa todo, chicas! Ya pasa, tranquilas.
- ¡¡Papi!!
- ¡Samuel!
- ¡Os quiero! ¡¡Lo siento mucho!! ¡Os quierooooo!...


IV

     Inesperadamente, un último pensamiento está cruzando mi atormentada mente. Un recuerdo que debía tener almacenado en el subconsciente y que ahora brota en mi cabeza. Se trata extrañamente de una famosa frase que leí hace años. Concretamente, de uno de los aforismos del filósofo Emil Cioran: "Ya se trate del individuo o de la humanidad en su conjunto, no se debe confundir avanzar y progresar, a menos de admitir que ir hacia la muerte sea un progreso."...y de hecho en un segundo voy a morir junto al resto de la humanidad.





1 comentario:

  1. Me a encantado primo , casi podia ver con mis propios ojos la escena , y el sentimiento del personaje , un gran principio para una historia postapocaliptica ehh , espero que sobrevivan y tengan luego que buscarse la vida en un planeta venenoso y caluroso , un brazo fuerte , me a encantado!!!

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