viernes, 1 de abril de 2016

Sobre la filosofía "científica" que está por venir (y su relación con la metafísica)

"Para toda tesis existe una antítesis igualmente válida" (Immanuel Kant)

Es un secreto a voces que la física hace ya décadas que se ha topado con el límite de lo observable (o al menos, con el límite de lo representable por nuestro cerebro evolutivo). Es esta una situación poco agradable para el científico, y más aún para el que deposita toda su creencia en las evidencias empíricas y sus relaciones teóricas.

No es por lo tanto sorprenderte que ante esta obligada falta experimental, la racionalidad intente tomar el mando como única guía posible en el avance de nuestro conocimiento del mundo. Es decir; que tras un largo periodo gobernado por la más pura ciencia empírica (donde, como Kant se encargó de mostrar, se mezcla en parte la doctrina fundamental del empirismo con la actuación de un proceso racional innato embebido a priori en nuestro cerebro evolutivo).

René Descartes, filósofo, matemático y físico
 francés, considerado el padre de la filosofía
 moderna, así como uno de los nombres más
 destacados de la revolución científica. 
Actuando de este modo, la ciencia ha conseguido aumentar nuestro conocimiento del mundo de un modo exponencial en apenas unos siglos; logrando al mismo tiempo unos avances técnicos aún más asombrosos. Pero este avance exponencial evidentemente no podía ser para siempre, y la causa principal la constituyen los límites empíricos: la ciencia avanzó mucho conforme nuevos fenómenos a escalas cada vez más pequeñas (y cada vez más grandes) eran incorporados al proceso racional de teorización general, pero hace ya casi tres décadas que este proceso está sufriendo una desaceleración: cada vez es más complicado reducir (o aumentar) la escala de observación, y cada vez mayores esfuerzos (en cuanto a recursos y tiempo) son necesarios para incrementar la experimentación a nuevos niveles.

Antes, grandes avances en física teórica se veían respaldados por una base experimental que realizaba con éxito a veces incluso una sola persona en un laboratorio semi-profesional; hoy día, el más mínimo aporte de apoyo experimental requiere de enormes laboratorios de inversiones multimillonarias, constituidas por enormes equipos de trabajo realizando un gran esfuerzo de trabajo durante décadas antes de poder poner en marcha el experimento y comprobar si hay algo nuevo que observar.

Este proceso, como digo, además se agrava con el tiempo: cada gran nuevo experimento que pretende aumentar la base experimental ya disponible, requiere un aumento casi exponencial de inversión para conseguir un discreto aumento lineal de precisión. 

Más pronto que tarde llegará el momento que cualquier mejora en la precisión (a nivel microscópico, pero también a nivel macroscópico) requerirá una inversión tan grande que será impracticable (en cuanto a recursos necesarios pero también en cuanto al tiempo requerido en su construcción). Ese día no creo que esté tan lejos, y de hecho podría haberse ya alcanzado en el nivel de física de partículas con el LHC. Porque si ya el LHC supuso una inversión multinacional enorme, una mejora significativa del mismo (es decir, un aumento significativo -aritmético- de la energía de colisión) supondría un aumento geométrico en su coste. No creo personalmente que se construya nunca un acelerador de partículas capaz de superar al LHC (al menos, no creo que se logre construir en los próximos 50 años, por lo que no tengo esperanzas de ver en vida algo mejor). Es decir, que debemos comenzar a aceptar (cuanto antes mejor) la limitación práctica que el conocimiento físico puede tener. Es un hecho insoslayable, y la limitación principal es empírica.

Large Hadron Collider, LHC.
Sin embargo, el hombre ya se ha acostumbrado a la ciencia como única herramienta capaz de dar cuenta del saber; y aceptar su limitación es algo que psicológicamente cuesta mucho digerir, más aún por los propios hombres de ciencia, los cuales han dedicado su vida y carrera a esta disciplina. El hecho de abandonar la ciencia, o incluso simplemente compatibilizarla con otro método de conocimiento (distinto del hipotético-deductivo) es una actitud duramente castigada por aquellos que se atreven. Sin embargo, nos guste o no, no hay otro camino:

Como decimos, hace al menos tres décadas que ninguna nueva teoría física revolucionaria es capaz de recibir apoyo experimental de ningún tipo. El modelo estándar de partículas fue la última gran teoría física capaz de obtener evidencias empíricas en su favor (siendo la última precisamente alcanzada hace unos pocos años en el LHC con el descubrimiento del bosón de Higgs), y de hecho, no hay en el horizonte ninguna propuesta mejor con probabilidades reales de constatación. La teoría de cuerdas, por ejemplo; es casi impracticable a la hora de recibir este apoyo observacional, y otras teorías alternativas son igualmente inabordables por este modo experimental. Incluso relativamente "pequeños" pasitos adelante como sería el descubrimiento de la supersimetría o la evidencia de nuevas dimensiones en el espacio-tiempo, parecen esquivos; y el LHC no está teniendo éxito en ello de momento (funcionando ya, por cierto, casi a su máxima potencia).

Pero no es sólo la física de partículas la que se encuentra en problemas: casi todas y cada una de las ciencias más básicas (dejando de lado las ciencias de la biología y otras que limitan su estudio al nivel mesoscópico de la realidad), parecen haber logrado (o están cerca de ello con sus próximos -y millonarios- experimentos) el límite empírico abordable de un modo práctico razonable, es decir; el límite donde el aumento de coste se ve respaldado por un aumento razonable en la precisión.


Y lo principal es que, a pesar de estarse sin duda a punto de alcanzarse este nivel razonable de observación en todos los ámbitos, aún no tenemos ni idea de cómo funciona realmente el mundo. Hemos avanzado sin duda mucho desde el origen de la ciencia, pero aún quedan casi las mismas respuestas por responder que al principio: el avance descriptivo ha sido lo que ha predominado (lo que ha permitido el gran avance tecnológico que todos disfrutamos), pero el avance explicativo como tal ha sido muy escaso. Conocemos miles de leyes, teorías y principios; y podemos describir y prever de un modo maravillosamente preciso gran parte de los fenómenos del mundo gracias al uso del lenguaje matemático. Sin embargo, y esto es muy importante, no hay hoy día una mejor explicación para comprender por qué el mundo se comporta de este modo tan bien previsto que la que hubiera hace casi tres mil años. Ya en aquel entonces un filósofo llamado Demócrito propuso la hipótesis del átomo (es decir; reducir grosso modo todo fenómeno observable a la interacción de pequeños constituyentes indivisibles moviéndose por entre un espacio vacío), y es, de hecho, una propuesta casi equivalente a la moderna teoría de cuerdas (y al modelo estándar de partículas de la que ésta deriva). Casi tres mil años han trascurrido, y no se ha avanzado lo más mínimo en el conocimiento real del porqué del mundo, terminando explicativamente todo casi en el mismo punto donde empezó.

Se puede comprender que la razón de este estancamiento explicativo milenario se debe, igual que en el caso del límite práctico descriptivo, en la necesidad empírica del proceso. Una necesidad que la ciencia básica entendida como método hipotético-deductivo arrastra desde hace siglos, y que la limita siempre por este requerimiento de contrastación (obligarse siempre a intentar refutar y evidenciar de un modo experimental las consecuencias de las hipótesis).


Sin embargo, esta contrastación, como hemos visto, es cada vez más complicada de alcanzar de modo práctico para defender la descripción del fenómeno, y es imposible de alcanzar en teoría para avanzar científicamente en el terreno explicativo.

Tenemos resumiendo, lo siguiente:

1) La ciencia básica está limitada de modo práctico en cuanto a la descripción del mundo por el coste experimental y el hecho de que cada vez un mayor coste resulta en un menor aumento de precisión: esto hace que (relativamente) poco más se vaya a avanzar los próximos años en cuanto a la identificación (enumeración) de leyes, teorías y principios nuevos y revolucionarios.

2) La ciencia básica está limitada teóricamente en cuanto a la explicación (el porqué) del modo en que esas leyes y principios detectados (de modo descriptivo) funcionan del modo en que lo hacen (y no de otra manera, o de ninguna manera en absoluto). Uno puede, por ejemplo; conocer y comprender la formulación matemática (descriptiva) del principio de acción mínima, y no obstante, no tener ni idea de por qué el Universo funciona de este modo observado y no de otra manera diferente. Y lo mismo aplica al resto de leyes, principios, teorías, etc.

En pocas palabras: el ser humano, mediante el método científico tradicional, está limitado en la práctica a alcanzar un conocimiento descriptivo del mundo solamente hasta una cierta precisión máxima insalvable por culpa de los limitados recursos disponibles en el planeta (matemáticamente hablando: este límite puede rondar nueve o diez decimales, o alguno más en el futuro); y por otra parte, está limitado a un conocimiento explicativo nulo en cuanto al porqué (el qué y el para qué) de las leyes y principios detectados en este comportamiento regular (ley) identificado en el fenómeno: sabemos con mucha precisión que la energía se conserva (descripción de un hecho regular), pero no sabemos por qué lo hace en lugar de no hacerlo, ni qué supone esta conservación ni tampoco para qué sirve que tal conservación suceda (si es que sirve para algo). Es decir; que no conocemos la Causa (con mayúsculas) de este comportamiento regular del fenómeno tan precisamente descrito y constatado.

Y es este es el verdadero problema en el conocimiento explicativo del mundo: que no conocemos (ni podemos conocer) empíricamente la Causa (que trasciende) la regularidad fenoménica observada. Porque es un hecho que las cosas suceden, y que suceden de un modo muy concreto; es decir; se percibe que el fenómeno es, y que se comporta de un modo regular y previsible, y por lo tanto dicho ser y dicha regularidad requieren de una explicación: algo que de cuenta de por qué el mundo es, se mueve y se comporta de este modo observado y no de otro manera cualquiera, o incluso que no sea o que sea de un modo absolutamente caótico no regular (sin leyes ni principios).

No vale, por lo tanto, con cruzarse de brazos ante la mera (y precisa) identificación de la regularidad, sino que hay que pretender más: un conocimiento sobre qué puede producir esta regularidad tan concreta en lugar de otra cualquiera, amén de tener que darse cuenta del porqué hay algo (fenómenos) que se comportan regularmente en lugar de no haber nada o no haber regularidad (ambas dos, situaciones lógicamente congruentes).

Pero claro, para conocer qué crea el fenómeno y cómo se motiva su regularidad dinámica, además de comprender por qué se produce todo de este modo tan concreto, y también para qué sucede todo esto del modo en que lo hace (o demostrar que no hay un para qué); hay que salir (trascender) el propio fenómeno del que formamos parte. Es decir; que para explicar el mundo de un modo equivalente al "científico" tradicional, habría que poder "salir" del Universo y observar qué hay ahí para poder contrastar empíricamente las hipótesis que nos podamos haber hecho. En otras palabras: para lograr tal conocimiento explicativo necesitaríamos poder obtener datos empíricos de esa realidad supra-fenoménica.

Sin embargo, creo que es evidente que esta posibilidad escapa absolutamente de nuestro poder como meros sujetos evolutivos creados dentro (y desde) el propio fenómeno, y limitados por tanto empíricamente a este mismo conjunto fenoménico del cual participamos y que da forma al Universo.

Esto hace que buscar cualquier explicación (un qué es, por qué es, o para qué es) sobre el cómo observado en cualquier proceso fenoménico es algo que la ciencia hipotético-deductiva no pueda afrontar (al ser imposible el paso experimental de contrastación de hipótesis). Esta indagación en el Conocimiento queda limitada, por lo tanto, a la pura racionalidad (en una rama filosófica denominada tradicionalmente como Metafísica); la cual deja fuera de la ecuación cualquier intento de pretender refutar o contrastar estas hipótesis propuestas.

Precisamente esta (para algunos) desagradable limitación en la posibilidad de verificación experimental en la metafísica, es el estigma que la llevó al olvido durante casi todo el siglo XX, eclipsada por completo por el firme y preciso triunfo descriptivo sobre cómo se produce y regula el fenómeno en el mundo además de por el enorme avance tecnológico a la que esta precisa identificación predictiva condujo. El pragmatismo se impuso, y nada que no fuese ciencia parecía merecer la pena de tener en cuenta.

Parte de la formulación matemática de la teoría de cuerdas.
Pero como venimos diciendo, los límites empíricos prácticos comenzaron a alcanzarse hace ya casi tres décadas, y desde entonces, con estos límites  a la vista, la "ciencia" no tuvo más remedio que empezar a hacer literalmente (aunque de un modo velado) filosofía. El ejemplo más famoso de esta filosofía "científica" nace precisamente con la teoría de cuerdas en un intento por rebasar el  modelo estándar de partículas; una teoría la de cuerdas eminentemente matemática (racional) la cual no tiene apenas posibilidad de ser evidenciada experimentalmente nunca en la práctica (e incluso muchos defienden que ni siquiera en teoría), pero que sin embargo es congruente con el cómo observado en el fenómeno. Es decir; que se postula realmente una especulación racional teórica, pero fundada en la matemática y más importante aún, respaldada por la capacidad de dicha hipótesis matemática para describir y prever cualquier fenómeno observable y su regularidad dinámica.

Y es que es un hecho: parece que antes o después, no habrá más escapatoria que la vuelta a la filosofía, o mejor dicho, a una reformulación del método científico tradicional, de modo tal que se permita a aquella ingresar y participar en las propuestas teóricas. Esta reformulación del método científico, que como digo llegará más pronto que tarde debido a la necesidad impuesta por los límites empíricos prácticos, puede consistir en algo parecido a lo siguiente:
1- Observación: Aplicar atentamente los sentidos a un objeto o a un fenómeno, para estudiarlos tal como se presentan en realidad, puede ser ocasional o causalmente.
2- Inducción: La acción y efecto de extraer, a partir de determinadas observaciones o experiencias particulares, el principio particular de cada una de ellas.
3- Hipótesis: Consiste en elaborar una explicación provisional de los hechos observados y de sus posibles causas.
4- Probar y evidenciar si la hipótesis es consistente con la descripción del fenómeno hecha por la ciencia empírica tradicional: es decir, comprobar si las consecuencias de la hipótesis cuadra con las leyes, teorías y principios que ya conocemos (en lugar de como se hace ahora, pretender evidenciar y refutar experimentalmente las consecuencias de la hipótesis).
5- Alcanzamos una Tesis o teoría.
Teoría de cuerdas.
El punto 4 sustituirá los pasos del método hipotético-deductivo que antes pedía probar empíricamente la hipótesis por experimentación para evidenciar o refutar la misma. Deberá bastar con comprobar si la hipótesis es consistente con las teorías,  leyes y principios que ya conocemos.Y es que no quedará otro remedio si se quiere pretender seguir avanzando en el conocimiento del mundo una vez que ninguna nueva experiencia empírica sea posible. Esto es, de hecho, lo que los físicos han estado haciendo desde hace casi tres de décadas al trabajar en la teoría de cuerdas: la teoría de cuerdas no es más que una amalgama de ecuaciones matemáticas y suposiciones empíricamente irrefutables (once o doce dimensiones espaciales, cuerdas vibrando en la prácticamente inobservable escala de Plank, etc.), la cual se tiene en cuenta simplemente porque sus consecuencias racionales (matemáticas) concuerdan bien con la teoría de la relatividad y los postulados de la mecánica cuántica, pero de hecho, ¡jamás vamos a ver una cuerda! (ni siquiera podemos ver un quark libre, como para ver una cuerda del tamaño de la escala de Plank).

A esta nueva "ciencia" que está por venir (que ya está aquí, de hecho, pero que aún hay que descubrirla como tal), se la podría llamar filosofía inmanente: porque de hecho será sin duda filosofía ya que dejará volar a la imaginación racional sin ningún respaldo empírico con la intención de poder avanzar un poco más; pero igualmente será inmanente, en el sentido de que se exigirá siempre que el fruto de ese paseo experimentalmente incontrolado sea luego lógicamente congruente con todos los resultados históricamente establecidos por la ciencia tradicional descriptiva del único mundo al que tenemos empíricamente acceso (nuestro Universo y sus fenómenos).

Señalar, por último, que no sólo ha sido la teoría de cuerdas la que ha entrado de lleno en esta nueva era de la ciencia básica reformulada, sino que ya la cosmología hace tiempo que no hace otra cosa que utilizar veladamente en su trabajo esta filosofía. Lo hace en gran parte de sus modernas propuestas, pero merece la pena recalcar que donde con más descaro la utiliza es cuando propone la (mal) denominada teoría del multiverso.

La propuesta del multiverso es hoy día una especulación física muy particular. Y es particular primero porque hace, igual que la teoría de cuerdas, uso de este método científico "debilitado" del que hemos hablado. No existe posibilidad práctica (y parece que ni teórica) de contrastar o refutar empíricamente en modo alguno la hipótesis de base (la existencia de un multiverso); pero son muchos los científicos que se contentan con que este hipotético multiverso se base y a la vez sea capaz de dar cuenta de la descripción empírica que la ciencia empírica tradicional ha logrado (particularmente en lo referente a la física cuántica y la inflación cósmica). Pero además, este postulado multiverso es muy particular debido a la descarada intencionalidad metafísica que de él hacen los científicos. Concretamente, la "teoría" del multiverso es el as (filosófico) en la manga del que hacen uso los científicos para negar cualquier implicación trascendental explicativa en la regularidad observada en el mundo. Es decir; que es la antítesis explicativa que usa el científico para contrarrestar la tesis que hace el creyente cuando propone una explicación trascendental Intencionada del mundo.

El científico es consciente de que todo parece estar muy bien ajustado de modo que sea posible la existencia de vida consciente en el Universo, y además comprende que no se puede achacar todo a la pura casualidad; por último, el científico detesta (normalmente) achacar algo a causas intencionales, por lo que sólo tiene una escapatoria racional: proponer que no hay sólo un Universo, sino una infinidad de ellos: en algunos habrá consciencia y en otros no. Y es una buena respuesta dadas sus necesidades subjetivas (no usar hipótesis intencionales), pero que nadie se engañe: aun así, es una respuesta filosófica.

Ilustración del multiverso.
Porque es que además, entre el hecho de tener que creer un argumento llenos de atemporales e infinitos universos anidados e inaccesibles, e  incluso en omnipotentes "realidades" ideales matemáticas (cuando te informas un poco descubres que hay muchas y diferentes "teorías" del mutliverso; quizás una por cada persona que trata el asunto), y el hecho de creer directamente en un ente trascendente que haya creado todo del modo en que lo vemos, no parece haber tanta diferencia después de todo.

Sea como sea, y a día de hoy, cada uno puede creer lo que más le convenga psicológicamente como sujeto porque no hay nada que apoye o evidencie mejor una tesis sobre la otra: es más, puede haber incluso quién utilice el tan afamado principio de economía (navaja de Occam) para defender como más plausible la idea de una unidad trascendente infinita, atemporal y omnipotente, frente a la idea "científica" del multiverso donde infinitos mundos (múltiples Universos) conviven en realidades paralelas concurrentes sustentadas por una especie de omnipotente y atemporal esencia ideal generadora de mundos. No es precisamente una actitud muy económica la de sacrificar la tesis de que existe una única intencionalidad trascendental generadora de un mundo (el nuestro), y proponer a cambio la hipótesis de una infinidad de realidades paralelas sustentadas finalmente por otra entidad trascendental muy similar a la anterior sólo que no intencionada (esta esencia trascendente varía según el autor, pero se la suele entender como una especie de espuma "cuántica" eterna y omnipotente en cuanto a su capacidad generadora de Universos).
¿Qué es más afín al principio de economía, un incognoscible único ente trascendente intencionado (eterno y omnipotente) que genere un mundo (el nuestro), o un incognoscible ente trascendente no-intencionado (igualmente eterno y omnipotente) que genere infinitos Universos (algunos conteniendo consciencias y otros no)?
El hecho de decantarse por la segunda opción parece decididamente más un acto subjetivo de rechazo personal frente a una supuesta intencionalidad, que una meditación basada en la lógica.


De hecho, y ya puestos a creer, hay incluso otras alternativas más económicas aún que las dos arriba señaladas: en este sentido, merece la pena mencionar la propuesta que hizo el filósofo Philipp Mainländer [1], el cual defendió con mucha destreza argumental el hecho de que fue precisamente la muerte de Dios (una incognoscible unidad trascendente premundana) lo que constituyó el nacimiento del mundo plural y dinámico que observamos (i.e. el nacimiento de nuestro mundo inmanente empírico). En este sentido, esta unidad trascendente fue, pero dejó de ser al convertirse en la pluralidad individual observada a nuestro alrededor. Hoy día, por tanto, ya no habría trascendencia alguna que explicar tras el mundo (o en el mundo), sino que dicha unidad premundana literalmente desapareció al realizar la misma un único acto (su único acto): originar el mundo. Este hecho explicaría además el dato observable de que todo fenómeno en el Universo se nos aparece siempre íntimamente ligado en movimientos regulares relacionados entre sí: así pues, puesto que la pluralidad fenoménica comparte un mismo origen esencial (una idea bastante coherente por cierto con la teoría física del Big Bang), todo movimiento en el mundo debe afectar al movimiento de todo lo demás (una tesis también muy coherente con la termodinámica moderna).

Por lo tanto, en este sentido de economicidad argumental que estamos tratando (y si se es honesto), quizás deberíamos tomar muy en serio esta propuesta metafísica de Mainländer (o una similar) como la más "probable" de constituir de algún modo la Verdad del mundo, puesto que de hecho niega (y con ello se ahorra tener que explicar y defender la creencia en) cualquier existencia trascendental concurrente en la actualidad con el fenómeno (i.e. ni el mundo, ni más allá del mundo), pero al mismo tiempo salva el problema explicativo del origen del Universo al que se enfrenta el ateo, puesto que se especula con que esa trascendencia sí fue (realmente hubo una unidad existencial incognoscible para nosotros), pero que ya no es: es decir; que el origen del mundo (lo que se conoce como Big Bang) supuso su aniquilación como unidad atemporal e inmóvil, en favor de la pluralidad y el movimiento observado en el mundo.

Philipp Mainländer
Es pues una cosmovisión la de Mainländer completa (da cuenta de la causa y origen de nuestro mundo en una unidad premundana), y que además no necesita explicar -como le ocurre al deísta tradicional- el problemático asunto de qué puede motivar a un Ser todopoderoso, atemporal e inmóvil a actuar del modo en que lo hace (cuestiones lógicamente incongruentes), o por qué tampoco vemos rastro alguno de este Ser (para nuestro filósofo estas preguntas no aplican, puesto que precisamente defiende que esta trascendencia fue, pero que ya no es, y que además su único acto y necesidad fueron, respectivamente, el acto de la creación y la necesidad de dejar de ser). Tampoco necesita  por otra parte Mainländer especular como hace el "científico" con esas infinitas meta-realidades con su incognoscible esencia omnipotente capaz de generar innumerables mundos paralelos (multiversos) en un intento de explicar el propio Big Bang (momento de la creación) y el fino ajuste para albergar vida que presenta el mundo. Para nuestro filósofo, el acto de creación y el fino ajuste, son ambos consecuencia del único acto que llevó a cabo una unidad trascendente premundana para suplir una única necesidad: dejar de ser.

Ninguna trascendencia actual que explicar, una trascendencia que fue pero que dejó de ser en el momento de la creación al consumar un único acto para satisfacer una única necesidad. Es complicado idear una propuesta más económica y a la vez más completa que esta cosmovisión. Es realmente tentador, y como poco merece ser tenida en cuenta en igualdad de condiciones al lado de las propuestas religiosas tradicionales y de la moderna filosofía "científica" de los infinitos mundos.

Referencia de interés.

[1] http://www.casadellibro.com/libro-filosofia-de-la-redencion/9788494150555/2277755 "Filosofía de la redención" (Philipp Mainländer), enlace a la magnífica traducción que ha realizado MANUEL PEREZ CORNEJO.