miércoles, 30 de noviembre de 2016

Señor Troncoso - TRIANA

"En el hombre, pues, la voluntad de morir, que es el impulso más íntimo de su ser, no está solamente recubierta por la voluntad de vivir, como en el animal, sino que se eclipsa completamente en lo más profundo, desde donde se manifiesta, de tarde en tarde, como un profundo anhelo de reposo". (Mainländer, "Filosofía de la redención", Metafísica, 13)


Durante los años 70 y 80 se pudo disfrutar aquí en España, de unos de los grupos de música, en mi opinión, más carismáticos de nuestra historia musical. Hablo por supuesto del rock andaluz de Triana. Una banda liderada por el inigualable Jesús de la Rosa Luque, la cual hace que todo lo que se "compone" hoy día por estos lares, de la mano de los "Bisbales" y compañía, suene a pandereta y chiste de mal gusto.

Triana compuso, hasta la trágica muerte de Jesús en accidente de tráfico, una música con una calidad y un sentimiento pocas veces visto desde entonces. Y como muestra, os dejo a continuación el que podría ser su tema más inspirado: "Señor Troncoso". Una canción que transmite directamente al corazón el sufrimiento que padecen los más desfavorecidos de la sociedad, pero que fácilmente se puede extrapolar luego al dolor que soporta de un modo u otro cualquier persona, como diría Leopardi: por el simple hecho de haber nacido (“e' funesto a chi nasce il dì natale”).



Letra del tema: Señor Troncoso de Triana

¡Eh! amigo ¿cómo estás esta mañana? 
¿recuerdas algo de lo que te 
ocurrió ayer? 

Ya sé que no te importa 
te llueve por la noche 
caminas todo el día 
y vas en busca de tu ser. 

En tus labios brilla una sonrisa 
que penetra en lo más hondo 
de mi ser. 

Ya sé que no te importa 
tú tienes que seguir, 
tú debes conseguir 
que nada te ate aquí. 

En tu mente ya lo pone 
todo tal como ha de ser. 

Sigue luchando 
y podrás lograra 
al fin tu ser.


Como dice Jesús de la Rosa, en nuestra mente (evolutiva) ya lo pone todo tal como ha de ser. Y ciertamente nadie tiene otro remedio mas que continuar en el camino de la lucha hasta lograr al fin conseguir el deseado ser. Pero, ¿cuál es ese ser que con tanto ahínco todos luchamos por conseguir?Pues posiblemente no sea otro que el estado de redención del que nos hablaba Mainländer en su obra, ese merecido descanso y reposo que sobreviene al tenaz mandamiento que la evolución (la termodinámica en realidad) ha impuesto en lo más hondo de esta multiplicidad existencial en la que estamos envueltos.

Y es que ese pobre harapiento que camina día y noche por las calles sin saber bien qué hacer, y del que todos sentimos en alguna ocasión lástima, es en realidad un claro reflejo de nuestro propio caminar por la vida: puesto que en realidad caminamos perdidos todos por la vida, solo que sin saber que lo estamos. Caminamos seguros de nuestro destino, sin comprender (o sin poder comprender), que este destino nuestro es exactamente el mismo que el del pobre desheredado, ese pobre desaliñado. Y es cierto que también a veces en lugar de lástima lo que sentimos es rencor y furia hacia ese "vago" harapiento, pero la causa de tal resentimiento ya la explicaba Emil Cioran en uno de sus aforismos:
“El caído es un hombre como todos nosotros, con la diferencia de que no se ha dignado a jugar el juego. Le criticamos y le huimos, le guardamos rencor por haber revelado y expuesto nuestro secreto, le consideramos a justo título como un miserable y un traidor.”
Sea como sea, yo siento a diario una profunda lástima, y no tanto por el caído; puesto que él ya "conoce" la verdad, sino más por el pobre ignorante que se esfuerza y lucha de sol a sol en pos de un absurdo juego evolutivo. Pero no me atormento, porque sé que nada de esto importa. Como diría Albert Camus: “todo está bien; hay que imaginarse a Sísifo feliz”. Y es así, dentro de no mucho tiempo la redención nos alcanzará a todos sin excepción, y ella nos librará de esta ingrata y absurda tarea existencial que se nos impuso con el nacimiento. Y es que, como el sabio persa Omar Khayyám (Omar Jayam) se lamentaba: "Al mundo me trajeron sin mi consentimiento, y los ojos abrí con sorpresa infinita, partiré después de reposarme un tiempo sin saber la razón de mi entrada y salida. "

Porque es más, puede que incluso quizás todo no sea en balde. Podría ser (¿por qué no?) que la vehemencia evolutiva bien pudiera tener alguna (desconocida e incognoscible) razón de ser esencial y transcendental; pero aún así, nosotros, pobres marionetas fenoménicas, seguro que no hallaremos fruto alguno de toda esta lucha impuesta. Como predicaba en el famoso poema de Leopardi el pastor a la Luna:

“Questo io conosco e sento,
Che degli eterni giri,
Che dell'esser mio frale,
Qualche bene o contento
Avrà fors'altri; a me la vita è male”

Y es cierto. Si uno es (y quiere ser) verdaderamente consecuente y honesto (haciendo honor al escepticismo de Hume), debemos admitir que lo único que de verdad conocemos y sentimos, es que del eterno giro del mundo, y de nuestro débil y frágil ser, quizás bien y goce Otro halle; mas para nosotros, la vida es tan solo mal (la vita è male).

Un saludo, compañeros de fatiga.