domingo, 15 de octubre de 2017

El misticismo oculto tras la física moderna

"La Matemática no es real, pero «parece real». ¿Dónde está ese lugar?"
(Richard Feynman)


Continuando con el estudio en física moderna que comencé hace ya 3 años, estoy estos días siguiendo una serie de lecturas que el profesor Leonard Susskind hizo para la Universidad de Stanford hablando sobre el modelo estándar de partículas. La lectura es bastante amena y fácil de entender (desde un punto de vista matemático), pero a pesar de esta sencillez el profesor es capaz de transmitir la esencia de la que es actualmente la teoría física más precisa y avanzada de la que disponemos en estos momentos. Podéis acceder a estas 10 charlas desde YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=Igl8hE3Eac0

Sea como fuere, lo que más me ha llamado la atención de este primer paso cualitativo que he dado en avanzar sobre el modelo estándar una vez que ya estudié a fondo (de manera bastante formal) la QED (Quantum Electro Dynamics), es que conforme la teoría cuántica de campos fue desarrollándose el siglo pasado la complejidad fue en aumento a cada paso dado. Finalmente todo parece haber acabado en un teoría repleta de conceptos matemáticos cada vez más alejados de una interpretación física coherente con el mundo macroscópico de nuestro alrededor. 

Y no se trata de que las matemáticas lleguen un momento en que no sean asequibles, al contrario; llega un momento en que se detecta un patrón algebraico muy claro que te facilita entender cada vez mejor todo el conjunto; sino que lo que me parece a mí es que cada vez todo se vuelve más y más abstracto, hasta que parece como si las matemáticas tomaran el mando y la física quedara atrás relegada al papel de contrastar que las probabilidades calculadas por la teoría matemática cuadran con lo observado en el laboratorio (y por cierto que sí que lo hace con bastantes decimales de precisión).

Las descripciones matemáticas, de hecho, llevan tan lejos la teoría como para asegurar la existencia de una infinidad de partículas "virtuales" que interaccionan de manera "oculta" en cada instante con las partículas "reales" observables. Esas partículas virtuales son tan reales como las demás, sólo que no existen el suficiente tiempo como para que la violación de la energía que supone su espontánea aparición ex nihilo sea detectable. Existe de hecho una descripción gráfica que ayuda a intentar visualizar estos sucesos que acontecen durante el proceso de decaimiento, de creación-destrucción, y de interacción (fuerzas) de partículas o entre partículas. Se trata de los diagramas de Feynman:



Cada diagrama de arriba representa una posible forma en la que pueden repelerse dos electrones que se aproximan debido al intercambio de un fotón (a), dos fotones (b) y (c), un fotón que entre medias crea un par partícula/antipartícula que después se aniquila y vuelve a dar un fotón (c), un fotón que se intercambia y otro fotón que se emite y se absorbe independientemente: desde (e) a (j), etc. Los electrones vienen representado por las lineas rectas y los fotones por las líneas ondulantes. Así pues en (a) se puede entender que el evento sucedido es que dos electrones se aproximan hasta que el intercambio de un fotón los "empuja" y aleja uno del otro. Merece la pena mencionar que el caso de (d) es remarcable, puesto que supone un quebradero de cabeza matemático dado que se observa un loop (un bucle de creación destrucción virtual) que de hecho puede repetirse infinitas veces y de distintas maneras. 

El cálculo preciso (exacto) de todo el proceso en la repulsión de dos electrones requiere en sí de hecho de la integración en la probabilidad de todos y cada uno de los diagramas de este estilo que es posible imaginar (que son infinitos). Es decir, que la naturaleza parece que de algún modo es capaz de tener en cuenta para cada evento microscópico acontecido toda esta infinita mezcolanza de posibles eventos "virtuales" y conseguir siempre un coherente resultado probabilista para el devenir del fenómeno, mientras que, por otra parte, este cálculo nosotros sólo podemos realizarlo parcialmente aproximando (cortando arbitrariamente) la complicación permitida en nuestros cómputos (es decir; no teniendo en cuenta diagramas con muchos bucles o situaciones complejas de creación-destrucción, y quedándonos con los pocos diagramas que más aportan a la probabilidad global e ignorando el resto).

En resumen: que dado un evento microscópico cualquiera, lo que las matemáticas nos parecen querer decir es que el Universo se las apaña para tener en cuenta (sumar) la probabilidad de toda la infinidad de posibles circunstancias que podrían llevar a cada resultado final determinado (de manera que se respeten las leyes de conservación de energía, momento, carga, etc.). Es como si el mundo conociera en cada instante cada posible desenlace microscópico dado el estado infinitesimal actual del cosmos, y tuviera en cuenta además todos los infinitos procesos "ocultos o virtuales" que podrían llevar a cada uno de estos desenlaces determinando así la probabilidad para cada uno de ellos. La cuestión evidente que surge es: ¿cómo es capaz del Universo de hacer algo así? (léase también esta otra entrada sobre el asunto).

Nosotros como humanos podemos por ejemplo lanzar dos haces de hadrones entre sí, y aplicando aproximaciones numéricas sobre la teoría matemática que hemos desarrollado, realizar una estimación para la probabilidad de aquellos sucesos permitiros (dado el estado inicial). Podemos hacer este cálculo con mucho esfuerzo, de manera aproximada y estadística, y utilizando una gran cantidad de recursos para estudiar la información anterior y posterior a la colisión. En este sentido cientos de terabytes de información son procesados y almacenados para poder estimar estas probabilidades en el LHC, y el estudio experimental posterior lleva meses hasta poder alcanzar resultados contrastables con lo que la teoría dice.

Sin embargo la Naturaleza de algún modo se las apaña para realizar este tipo de cálculos de manera analítica exacta sin aproximaciones (teniendo en cuenta los infinitos diagramas de Feynman), y además lo hace de manera instantánea e infinitesimal teniendo en cuenta el estado del Universo completo en cada momento. De manera súbita el Universo en sí parece ser capaz de determinar la dinámica de una infinidad de partículas interactuando mediante infinitos procesos "ocultos o virtuales" y sin demora aparente: ¿cómo es posible que el mundo pueda llevar y guiar con tanta exactitud (e instantáneamente) al fenómeno teniendo en cuenta que debe contar con una infinidad de circunstancias diferentes en cada instante?  

Cada vez que tecleo en mi ordenador, por ejemplo; el cosmos se las arregla para calcular instantáneamente la mecánica que deben seguir esos varios cientos de trillones de procesos microscópicos que dan forma al mundo macroscópico de mi alrededor. Cientos de trillones de partículas con conforman las moléculas de mi cuerpo, de mi cerebro, de mi mesa y de mi ordenador se mueven sin fallo alguno al instante siguiendo las leyes naturales; y eso a pesar de que yo sé que cada nanosegundo el Universo en sí ha tenido de algún modo que determinar y "decir" a cada una de todas esas partículas cómo debían o no moverse determinando finalmente el estado final macroscópico de todo.

Es decir; que parece que el mundo puede calcular, computar o sabe prever (según quiera el lector entenderlo) continuamente a partir de cada estado inicial dado (el estado actual), la probabilidad de una infinidad de estados finales diferentes teniendo en cuenta además una infinidad de procesos "ocultos o virtuales" intermedios, y finalmente determinando de algún modo mediante un proceso de decoherencia el estado final macroscópico sacando de entre todas esas probabilidades calculadas el resultado final (eso que a Einstein tan poco le gustaba y que metafóricamente relacionaba como si "Dios" jugase a los dados). Y ocurre además todo infinitesimalmente en cada lugar del espacio-tiempo y teniendo en cuenta la infinita interconexión entre todo lo existente (y lo virtual). Finalmente, y para más inri, lo hace de manera instantánea sin aparente dilación o retardo durante este continuo proceso de cálculo natural.

Y es llegados a este punto cuando me asombra el hecho de cómo la comunidad científica ha logrado ocultar (o ignorar) el descarado misticismo que hay implícito tras toda la física moderna. ¿Cómo podría el cosmos realizar la monumental hazaña de procesar esta infinita computación instantánea si no fuera porque es en sí un ente omnipotente? ¿Y cómo se puede interpretar esta omnipotencia si no es mediante una relación panteísta admitiendo que el Universo es en sí una especie de auto-sostenido Ente todopoderoso?

Pero claro, este misticismo implícito (que por cierto el ya mencionado Albert Einstein defendía) tiene unas implicaciones que no agradan a ciertos grupos de personas que se aferran precisamente a la ciencia para negar cualquier postulado metafísico. Siento decirles que su postura no es legítima, y que, como poco y para no entrar en complicaciones deístas, hay que admitir la existencia de un Ente esencial omnipotente: el propio Universo auto-sostenido (panteísta).

Por lo tanto, y si se le quitamos al concepto de Dios cualquier connotación antropocéntrica o teísta, no cabe duda de que lo que la ciencia física moderna realmente parece favorecer de manera casi ineludible NO es el concepto ateísta de que no hay Dios; sino por contra la afirmación de que existe algo muy parecido a este ente Superior idealizado: nuestra propia realidad y todo lo contenido en ella (algo que no puedo evitar mencionar que cuadra muy bien con la cosmovisión de ciertos filósofos como es el caso de la propuesta de Spinoza o de Philipp Mainländer entre muchos otros) .

sábado, 7 de octubre de 2017

Nuestro legado entrópico

"This is how humankind contributes to the rise of en-
tropy in the Universe: We consume organized energy in the form of
structured foodstuffs, and we radiate away as body heat an equivalent
energy in the form of highly disorganized infrared photons. We, too,
are dissipative structures-highly evolved dissipators."
Eric Chaisson (Cosmic Evolution)

El mundo es diferente hoy día gracias a todos y cada uno de los seres vivos que han poblado nuestro planeta desde hace 4.000 millones de años. Y cada existencia, por leve y breve que haya podido ser, ha supuesto un antes y un después Universal. Una afirmación atrevida, ¿verdad? ¡Pues es cierta!

Dada la manera en que funciona la física en la naturaleza, el simple hecho de ser y de conformar un cuerpo complejo presupone el "pago" a cambio de un enorme coste energético de magnitud similar a la complejidad alcanzada por dicho cuerpo. Un coste y un consumo que siempre deja huella y que supone un legado irreversible. En pocas palabras: el futuro del mundo sin nuestro ser particular habría sido muy distinto. Pero, ¿en qué consiste ese legado que la humanidad en general y cada persona en particular dejará impreso en el fenómeno? ¡Un extraordinario aumento entrópico!

Cuanto más compleja es una estructura natural, mayor flujo de energía libre requiere para mantenerse y persistir reiteradamente en el tiempo, y el consumo de dicha energía libre supone una degradación en la calidad de la energía total (y constante del Universo). Una degradación y un aumento de entropía que desde el mismo momento que llega a acontecer no tiene ya vuelta atrás. Por su manera de actuar, el cosmos pierde (incluso "busca") siempre atenuar la calidad y la capacidad de la energía que contiene; y en el caso particular de la Tierra y de toda la complejidad que contiene, esto se traduce en la aparición y sustentación de procesos que toman la energética luz del Sol y la acaba convirtiendo en un desecho de desorganizada luz infrarroja que es "escupida" al espacio exterior.


Y ese será nuestro gran legado, el legado de todo ser que haya poblado nuestro planeta. Cada pequeña aportación vital ha supuesto y supondrá de manera más o menos directa un exponencial aumento entrópico. Cientos de miles de trillones de fotones solares degradados pueblan ahora el Universo; unos fotones que habrían escapado sin más rebotando en la superficie terráquea si no hubiesen sido atrapados primero por el proceso fotosintético del alguna bacteria o planta. Un proceso fotosintético que permite el florecimiento de un ciclo metabólico más complejo por el que unos seres devoran a otros mientras por el camino esa energía originaria acaba cada vez más y más descompuesta en un (activo) intento natural por maximizar el propio acto degenerativo.

Podemos entender de este modo como la Tierra es de manera global una enorme plataforma degenerativa, y como cada parte constituyente atrapada bajo su potencial gravitatorio es algo así como un resorte dentro de esta enorme maquinaria térmica. Y aunque esta visión todavía no es ortodoxia, no cabe duda de que es cuestión de tiempo de que esta esencia mecanicista llegue y sea reconocida por el mundo académico.

De manera que ya es hora de afrontar los hechos, reconocer que todo nuestro trabajo diario, y todo el esfuerzo existencial va unido irremediablemente a este destino natural que nos dio forma y nos mantiene como fenómenos persistentes. "Sólo" somos máquinas térmicas. Más concretamente, somos máquinas que comen máquinas para construir más máquinas constituyendo un ciclo de máximo flujo energético. Y además somos máquinas constituidas por millones de máquinas más pequeñas (células), y agrupadas en cooperación con otras máquinas (sociedad). Pero de todas formas, y a pesar de esta complicación presentada, todo es finalmente reducible a la misma guía y coordinación que determina cualquier otro movimiento natural: acelerar el consumo de la energía libre de calidad y disminuir tan pronto como sea posible el potencial generativo en el Universo.

En este sentido es interesante notar como Alan Watts, una famoso teólogo de los años sesenta, no sólo intuyó este estatuto termodinámico de la vida, sino que lo afrontó directamente, y encontró en él una fuente de revelación natural:
"Los estándares religiosos, sean judíos, cristianos, mahometanos, hinduistas o budistas, son -tal como se practican ahora- como minas agotadas: muy duras de excavar. Con algunas excepciones no fáciles de encontrar, sus ideas sobre el hombre y el mundo, su imaginería, sus ritos y sus nociones de la buena vida no parecen ajustarse al universo tal como lo conocemos, ni a un mundo humano que está cambiando tan deprisa que mucho de lo que uno aprende en la escuela ya ha quedado obsoleto el día de la graduación [...]. Porque hay un recelo creciente de que la existencia es una carrera de ratas en una trampa: los organismos vivos, personas incluidas, no son más que tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás, las cuales los mantienen haciendo lo mismo y a largo plazo los desgastan. Así que, para seguir con esta farsa, los tubos encuentran maneras de producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con ojos y oídos, que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar. Siempre y cuando obtengan alimento suficiente, gastan su excedente energético en menearse de maneras complicadas, producir toda clase de sonidos inhalando y exhalando aire por el agujero de entrada y congregarse en grupos para luchar contra otros grupos. Con el tiempo, los tubos adquieren tal abundancia de aparatos adosados que apenas son reconocibles como simples tubos, y se las arreglan para hacerlo en una asombrosa variedad de formas. Existe una norma vaga de no comer tubos de la misma forma que la propia, pero en general hay una intensa competencia por ver quién se convierte en el tipo superior de tubo. Todo esto parece maravillosamente fútil, y sin embargo, si uno se pone a pensar en ello, comienza a parecer más maravilloso que fútil. De hecho, parece sumamente extraño."
Si nuestro destino como meros resortes entrópicos dentro de una maquinaria planetaria mayor (que algunos llaman Gaia) es o no fútil dependerá ya del juicio subjetivo del lector, pero no cabe duda de que nuestra mera existencia le supone objetivamente al Universo un antes y un después. El simple hecho de que usted, lector, y yo, estemos "disfrutando" de unas décadas de vida, supone que el mundo será irreversiblemente diferente a como habría sido sin nuestro paso por el ser. Nuestro paso existencial será "recordado" durante toda la eternidad; y nuestro rastro irá unido al de todos esos fotones viajando por el cosmos y a los que ayudamos a degradar para siempre de una manera u otra.

Probablemente más pronto que tarde nadie nos recordará una vez fallezcamos y nuestro ordenado cuerpo se diluya en átomos y moléculas independientes; pero el fruto de nuestro esfuerzo vital existirá por siempre, o al menos mientras el Universo aguante. Cada segundo de nuestras vidas supone de hecho un cambio definitivo en la historia Universal, y eso es algo que como poco debería de hacer reflexionar al nihilista más acérrimo (como lo fui yo mismo no hace tanto).

Es indudable que el mundo tiene una "preferencia" para el modo en que debe acontecer el fenómeno (su dinámica); y esta tendencia natural es clara e irreversible, tiene dirección y sentido, y conlleva a priori la propia posibilidad de nuestro origen como especie. Así pues somos consecuencia de una predilección natural, y a ella le rendimos (queramos o no, y lo sepamos o no) tributo con cada uno de nuestros suspiros.

Por lo tanto nuestro legado final, como personas pero también como miembros sociales de nuestra especie, será el de haber servido del mejor modo posible al Universo y a su "necesidad" térmica. Y todo ese esfuerzo y dolor vertido por el hombre tendrá finalmente una "recompensa" en modo de recuerdo histórico. El mundo nos recordará por siempre y llevará en él la impronta de todos y cada uno de nuestros actos vitales.

Así pues, amigo; vive, construye y consume de la manera más óptima dada tus circunstancias, el cosmos te lo "agradecerá".

sábado, 30 de septiembre de 2017

"Madre!" (Darren Aronofsky)



Anoche fui a ver la película "Madre!", del director Darren Aronofsky. La película es sin duda muy controvertida, llena de fuertes escenas explícitas bastante desagradables; pero es también el tipo de film que no deja indiferente a nadie y que te permite debatir luego con los amigos durante horas sobre la  verdadera interpretación de sus metáforas. Y eso a pesar de que ya hay explicación "oficial" en palabras del propio director, el cual nos dice que: "Madre!" es una historia sobre la Madre Naturaleza — Jennifer Lawrence— contada a través de sus ojos, y donde se emplea la Biblia únicamente como estructura para narrar la historia, y no como elemento clave a nivel argumental.

Y ciertamente no cabe duda de que el autor pretende realizar una reflexión sobre los estragos que la estupidez humana (ese narcisista y obsesionado Homo Sapiens Sapiens, metafóricamente interpretado por Javier Bardem) inflige sobre la Madre Tierra; siendo que al final la cinta termina con un giro argumental cíclico en el que se observa como todo el proceso acaba tal como empieza enseñándonos las mismas escenas iniciales de la película.

Pero sea como fuere, y a pesar de esta explicación oficiosa, ciertamente cada cual es libre de dar una interpretación más libre (o profunda) al sentido de esta obra. Es algo que muchos (críticos y aficionados) están haciendo (los hay que incluso apelan a que Darren Aronofsky se limita a hacer  un personal análisis del tradicional génesis Bíblico). Y como yo no quiero ser menos (xD), os dejo a continuación mi interpretación particular:

Yo creo que el personaje de Javier Bardem representa a la esencia de nuestro mundo -algo con lo que muchos críticos concuerdan en la red-, se trataría no pues de una representación metafórica del hombre en sí, sino de la interpretación del Creador mismo: un Ente ofuscado y fascinado en el propio acto de concebir y engendrar realidades en las que luego se ve inmerso y que se encarga de experimentar. Se trataría de un Dios necesitado de amor y compañía, un solitario (y quizás atormentado) Ser encargado de crear primero un lugar donde depositar su "obra" histórica (esa Madre Naturaleza que literalmente se la ve aparecer de la nada al inicio de la película -y al final de la misma), y a la cual utiliza luego para saciar su Carencia desplegando y liberando en ella toda su desbocada creatividad.

Sin embargo esta eterna e insaciable Deidad siempre termina plasmando irremediablemente parte de su esencia egoísta y destructiva en todo aquello que genera; condenando así invariablemente a priori toda su perpetua iteración creativa. La escena final del film, de hecho, esa que une las primeras escenas de la película con las últimas, se puede interpretar sin duda como el proceso que la moderna cosmología denomina Big Bang: una gran bola de fuego creadora del Universo. De este modo, cada intento que el Creador realiza por colmar su desesperación existencial e intemporal supone una historia evolutiva cósmica distinta, iniciada a partir de un violento acto originario sentenciado constantemente a terminar de igual manera.

Pero la Divinidad sufre aterrada ante sus límites; ante la imposibilidad de lograr idear la manera de engendrar una existencia que no muestre lo negativo de su dicotomía esencial. Y no importa cuánto lo intenta, finalmente el contenedor en que debe basarse para plasmar su sustancia (la Naturaleza) acaba inexorablemente auto-destruyéndose; lo cual hace que  cualquier realidad diferenciada no sea más que un acto condenado desde el principio al desastre; un ciclo más dentro de una infinita lucha esencial por conseguir un fin que ya sabe que no es posible llevar a cabo.

Por lo tanto nosotros, hijos de Dios, no seríamos más que otro ingenio dentro de este interminable proceso; otro mero intento que lleva (como no puede ser de otra forma) en sus entrañas el carácter dual del Hacedor: como Él adoramos y necesitamos experimentar la existencia, pero al mismo tiempo no podemos evitar destruirla por el simple hecho de ser. Finalmente nuestros descendientes más lejanos acabarán consumiendo la poca energía libre que le quede al mundo...concluyendo así con su muerte térmica el ciclo en que nos encontramos.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Evolución Cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza (libro de Eric Chaisson)

"Heraclitus of old Greece (a philosopher of twenty-five centuries ago) had it correct: Everything flows; nothing is
permanent except change. It’s perhaps the best observation anyone ever
made." 
(Eric Chaisson)

"Such is the nature of change. The emergence of order and the growth of complexity, everywhere and in all scales, do exact a toll-and that toll means a Universe sinking further into an ever-disordered realm of chaos."
"Cosmic Evolution: The Rise of Complexity in Nature" (Eric Chaisson)

«"Heráclito tenía razón", afirma Popper, "no somos [el individuo] cosas, sino llamas. O, más prosaicamente, somos, como todas las células, procesos metabólicos, redes de vías químicas.[...] Los árboles despliegan activamente sus raíces y hojas para absorber el agua y la energía, dos ingredientes necesarios para incrementar la disipación. [...] Cada nueva hoja, cada nueva predisposición fototrófica, es una nueva oportunidad para la degradación de energía. En resumen, el dicho cartesiano "pienso, luego existo" se convierte en "existo porque disipo".»
 "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución" (Dorion Sagan y Eric D. Schneider)

"You start with a random clump of atoms, and if you shine light on it for long enough, it should not be so surprising that you get a plant." 
(Jeremy England, interview commentary with Natalie Wolchover)



Me gustaría presentaros en esta entrada otro gran hallazgo de divulgación científica. Esta vez gracias a la recomendación de un buen amigo (eso sí, un amigo virtual :P). Se trata del trabajo "Evolución cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza" (Cosmic Evolution: The Rise of Complexity in Nature), un libro escrito por el astrofísico Eric Chaisson profesor en la Universidad de Harvard. También escribió este mismo autor una continuación a esta obra que me encuentro actualmente devorando: "Epic of Evolution: Seven Ages of the Cosmos". Su primer libro sobre el asunto tiene un contenido un poco más técnico (con algo de matemáticas incluso, algo raro de ver en un trabajo de divulgación), mientras que el segundo intenta acercar el contenido a un público más general (desapareciendo evidentemente cualquier referencia matemática explícita).

Sea como fuere, el trabajo de Eric Chaisson es realmente impresionante y revelador, y viene muy en la línea del modo en que aborda el tema Dorion Sagan (hijo del famoso Carl Sagan) en su libro: "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución". Ya comenté hace unos días con cierta profundidad en esta otra entrada el trabajo de Sagan, y salta a la vista como el trabajo de ambos autores se complementan a la perfección para dar un resultado tan asombroso como inesperado para la mayoría de la gente: el Universo que parece tener después de todo un claro "propósito" en su continua deriva temporal: esto es, aumentar en cada momento la complejidad estructural de sus partes constituyentes para lograr siempre el mayor consumo (óptimo) de energía libre dadas las circunstancias.

Es decir, que después de todo no todo es una dinámica espontánea y estocástica sin rumbo marcado en nuestro mundo, sino que por el contrario, todo el movimiento y el cambio observado desde su propio origen tras el Big Bang posee un incesante "esfuerzo" natural intrínseco en pos de un claro "fin" tendente a mantener y favorecer la existencia de aquellas estructuras cósmicas que más y mejor destruyen energía libre mediante la interacción física de sus partes constituyentes. En otras palabras: nuestro cosmos evoluciona en su conjunto -y desde su primer yoctosegundo- mediante una mecánica que organiza al fenómeno sin excepción del mejor modo posible para garantizar el máximo flujo energético posible.

Es ésta una afirmación sorprendente: ¡nuestro cosmos muestra una clara tendencia evolutiva -física- a nivel global! Y merece por cierto la pena recalcar que el origen de la vida y la evolución biológica aquí en la Tierra no son otra cosa más que una manifestación más de este mismo principio Universal. Y aunque ciertamente es ortodoxia entre los biólogos presuponer que la evolución biológica no persigue ningún fin, esto es sólo cierto parcialmente (de manera miope). Esa afirmación, de hecho, sólo tiene sentido tomada dentro de un marco exclusivamente biológico aislado, ignorando por tanto la base física que sustenta todo devenir animado e inanimado en su conjunto. Una presunción que muchos alegremente extrapolan luego hasta abarcar falazmente el nihilismo más absoluto. Pero resulta que una vez tomado el asunto desde la más amplia y básica perspectiva física y cosmológica, el asunto de la vida ahora sabemos que vuelve a tomar un cierto sentido objetivo liberada ya de las cadenas del sinsentido contingente de la biología terrenal.

Porque ciertamente la evolución biológica entendida de manera tradicional (es decir; corta de miras) no presenta objetivamente más que sinrazón. Y eso es algo que el maravilloso filósofo español Carlos Castrodeza se encargó de imprimir con gran calidad literaria en su intento de Darwinizar el mundo. Siendo memorable en este sentido esta cita suya: "La idea central es que biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto". Y desde esa perspectiva eminentemente biológica todo lo dicho es cierto. Pero hoy día, y gracias a recientes trabajos de físicos como por ejemplo Jeremy England, parece que por fin comienza a evidenciarse de manera clara y formal (es decir, mediante teorías matemáticas y la experimentación) aquellos trabajos pioneros en el campo de la biogénesis (valga mencionar en este sentido por cierto la obra del genial Erwin Schrödinger).

Y es que la nueva física termodinámica orientada sobre sistemas no aislados fuera del equilibrio térmico vienen a apoyar cada vez con más fuerza los trabajos de divulgación que van en la línea de la perspectiva que Eric Chaisson y Dorion Sagan defienden en sus trabajos: es decir; que si uno quiere, puede concluir que a un nivel meramente biológico (y antropocéntrico) el nihilismo de Castrodeza tiene cierta razón, pero desde una perspectiva más amplia (más física y menos antropocéntrica) tales propuestas ya no se sostienen. Castrodeza no tenía realmente razón porque la existencia y la persistencia de todo fenómeno en el mundo (incluida la vida) sí que tiene objeto: todo lo que permanece, permanece por y para aumentar la entropía en el Universo (i.e.; para apoyar en la tarea de degradar al máximo la calidad de la energía libre existente).

Todo lo existente en el cosmos es pues un medio utilizado por el Universo para satisfacer su único "fin" natural (termodinámico): devorar tan pronto con sea posible toda la energía libre (capaz de generar trabajo) que la aparición de cualquier tipo de gradiente supone (diferencias entre ciertas propiedades fenoménicas). Es decir; que la física del mundo posee desde su mismo instante inicial un gran potencial para posibilitar el cambio fenoménico, pero al mismo tiempo también posee desde el principio una fuerte tendencia intrínseca esencial dirigida a abolir -mediante su auto-organización- tan pronto como sea posible cualquier diferencia fenoménica acontecida. Y es esta auto-organización tendente a devorar de manera óptima la energía libre la fuente de toda la complejidad observada en el cosmos: desde la formación de los propios átomos y moléculas, pasando por las galaxias, las estrellas, los planteas, y por supuesto la vida. Toda complejidad no es así más que una reacción natural espontánea tendente a mejorar el modo en que degradar y disipar eficientemente toda esta energía. Podemos entender por tanto cualquier complicación observada, y su propia dinámica, como un método natural mediante el cual el Universo responde y se organiza a sí mismo para mantener su teleológico (que no teológico) "deseo" de devorar energía libre al mayor ritmo posible. Así pues, de este modo y volviendo al caso del hombre, vemos que éste sí que posee después de todo una clara función objetiva compartida por el resto de fenómenos complejos: leones, gacelas, plantas, algas, bacterias, virus, moléculas, átomos, huracanes, ríos, cristales, estrellas, galaxias, etc.

También, por otra parte, sabemos que la realidad hace uso en su vehemencia degradativa de un enorme arsenal estructural para lograr su codiciada "finalidad" termodinámica; siendo una de las tácticas más eficientes aquella de anidar e interconectar (mediante algún tipo de "simbiosis") dichas estructuras en cuando es posible. Como ejemplos de este tipo de "simbiosis" podemos destacar la formación de estrellas a partir del polvo estelar, la formación de la célula eucariota a partir de la simbiosis de varias células procariotas, la formación de organismos multicelulares a partir de la cooperación de varios tipos de células eucariotas, y por supuesto la aparición de sociedades (agrupaciones y alianzas) de organismos del mismo tipo. En este sentido es muy importante hacer notar que cuando este tipo de asociaciones tienen lugar, el resultado del conjunto en cuanto a eficiencia en el consumo por unidad de masa suele ser mucho mayor que el consumo de las partes por separado. Se produce así naturalmente un fenómeno "holístico" muy remarcable y empírico.

En palabras del propio Chaisson (Cosmic Evolution, páginas 138, 139):

"Living systems require substantially larger values of energy density flow to main-
tain their order, including growth and reproduction. Photosynthesis is
the most widespread biological process occurring on the face of the
Earth, dating back at least 3.3 billion years when rocks of that age first
trapped the chlorophyl porphyrins that drive this process in green
plants, bacteria, and algae. These lower life forms need 17 kJ for each
gram of photosynthesizing biomass, and they get it directly from
the Sun. Since the annual conversion of C02 to biomass is 1.7 X 10^17 g
(or ~10 billion tons of carbohydrates), the entire biosphere must use
energy at the rate of nearly 10^21 erg s-1 g-1(or about 0.1 percent of the total
radiant energy reaching Earth's surface). And given that the total mass
of the terrestrial biosphere (living component only) is approximately
10^18 g, then energy density for the physico-chemical process of photosynthesis is
roughly 900 erg s-1 g-1.
Humans, by contrast, consume typically 2800 kcal per day (or 130
watts in the form of food) to drive our metabolism; this energy, gained
indirectly from that stored in other (plant and animal) organisms and
only indirectly from the Sun, is sufficient to maintain our body tem-
perature and other physiological functions as well as to fuel move-
ment during our daily tasks. Metabolism, by the way, is a genuinely
dissipative mechanism, thus making a connection with previous ther-
modynamic arguments that some might have (wrongly) considered per-
tinent only to inanimate systems. Having an average male body mass
of 70 kg, we therefore maintain a energy density flow of some 2 X 10^4 erg s-1 g-1 while in good health. This is how humankind contributes to the rise of en-
tropy in the Universe: We consume organized energy in the form of
structured foodstuffs, and we radiate away as body heat an equivalent
energy in the form of highly disorganized infrared photons. We, too,
are dissipative structures-highly evolved dissipators.
In turn on up the complexity continuum, the adult human brain-
the most exquisite clump of matter in the known Universe- has a cra-
nial capacity of typically 1300 g and requires about 400 kcal per day
(or 20 watts) to function properly. Our brains therefore have a flow of energy density
value of roughly 1.5 X 10^5 erg s-1 g-1. This large energy density flowing
through our heads, mostly to maintain the electrical actions of count-
less neurons, testifies to the disproportionate amount of worth Nature
has invested in brains; occupying 2 percent of our body's mass yet using
nearly 20 percent of its energy intake, our cranium is striking evidence
of the superiority, in evolutionary terms, of brain over brawn. Thus, to
keep thinking, our heads glow (in the far-infrared) with as much energy
as a small lightbulb; when the "light" goes out, we die.
Finally, we consider civilization en masse, the open system of all hu-
manity comprising modern society going about its daily, energy-driven
business. Today's ~6 billion inhabitants utilize ~18 trillion watts to
keep out technological culture fueled and operating, admittedly un-
evenly distributed in localized pockets across the globe.
The cultural ensemble equalling the whole of humankind then has a energy density flow value of some 5 X 10^5 erg s-1 g-1. Not surprisingly, a group of brainy organisms
working collectively is even more complex than the totality of its indi-
vidual components, at least as regards our criterion for order of free
energy rate density-a good example of "the whole being greater than
the sum of its parts", without resorting to anything other than the flow
of free energy through an organized, and in this case social, open sys-
tem."


Entendemos ahora como ha sido esta especialmente dirigida dinámica natural la que ha facilitado sin cesar la aparición de estructuras cada vez más y más eficientes realizando trabajo, alcanzándose gracias a esta evolución cósmica un aumento exponencial en la densidad de consumo energético por unidad de masa. Y es importante recalcar la palabra exponencial, porque ese ritmo de crecimiento tiene siempre grandes implicaciones físicas (y filosóficas).

Pero dejadme que antes de continuar os ponga al respecto un par de gráficas sacadas también del comentado libro "Cosmic Evolution". Estas gráficas vienen a resumir lo dicho anteriormente y demuestran claramente la existencia de una dirección (y sentido) natural privilegiado en el tiempo:






Todas estas gráficas, fruto del trabajo de investigación del profesor Eric Chaisson, son de una relevancia asombrosa, y es difícil entender como la comunidad internacional no se ha hecho aún suficiente eco del asunto: simple y llanamente estas gráficas demuestran que el Universo sigue y persigue un "fin" objetivo bien diferenciado. Como decimos, ya no podemos hablar de irrelevancia direccional en el mundo de las leyes físicas. Ya no podemos entender que todo cambio en el fenómeno sigue un curso intrascendente o contingente por lo general, sino que ahora debemos aceptar que todo sigue un devenir bien "intencionado". Hay objetivo en las leyes físicas que gobiernan el mundo, hay dirección y sentido, hay finalidad: ¡y todos (entes animados e inanimados) conformamos un gradual continuo de medios y "soluciones" mediante los cuales el Universo consigue su "propósito"!

Pero no nos confundamos con los términos: a la Naturaleza no le "interesa" en concreto la existencia y permanencia del ser humano (del Homo Sapiens Sapiens) o de cualquier otra estructura o ser, más que de un modo temporal; mientras sea una estructura lo suficientemente eficaz a la hora de acaparar localmente energía libre. Y por supuesto no se está defendiendo que la Naturaleza busque algún tipo de progreso estético, ni mucho menos ético, ni tampoco ningún progreso que podamos relacionar ni remotamente con algún concepto relativo al hombre o a nuestra humanidad.  El mundo sólo "quiere" realmente abolir gradientes, y para ello hace uso siempre de los mejores medios a su alcance en cada momento y en cada circunstancia. Y es esta y no otra la verdadera causa ultima de toda la dinámica (y la conducta) observada en el mundo de la complejidad dentro de sistemas fuera del equilibrio térmico (como por ejemplo es el caso de la Tierra). El hombre pues sólo constituye una pequeña parte (temporal y prescindible) dentro de una gran engranaje Universal (véanse los gráficos anteriores).

Pero todas maneras, y a riesgo de ser repetitivo, recalquemos e insistamos de nuevo más en lo mismo: el hombre NO es en absoluto un actor relevante ni trascendente en cuanto a la realidad cósmica. Y no lo es ni como sujeto (como ente individual) ni como especie (como agrupación social y cultural). La humanidad es sin duda actualmente por estos lares un (grandioso) medio para producir trabajo, consumo y disipación; pero no obstante es un medio como decimos transitorio, un peldaño temporal más dibujado en el gráfico arriba mostrado; una estructura destinada como tantas otras a desaparecer en el tiempo, siendo si acaso y con suerte un catalizador de apoyo al escalón que nos continuará en el crecimiento exponencial que la evolución cósmica "persigue". Posiblemente, de hecho, existan ahora mismo en el Universo otros muchos seres sintientes destinados también ellos a ir apareciendo y desapareciendo en sus propios planetas. Y aunque cada uno de estos seres, máquinas térmicas en general, de alcanzar nuestro nivel intelectual podrán reflexionar acaso de manera nihilista en cuanto a su propio origen y destino, cometerían no obstante el mismo error argumental que cualquier persona que así piense hoy día: el nihilismo (objetivo) ya no es admisible, puesto que ahora sabemos que formamos parte de un engranaje Universal; somos piezas que, queramos o no, ya únicamente con nuestra mera existencia favorecemos y apoyamos un Bien común degradativo. El mero hecho de ser y persistir ya implica de hecho el ser una fiel estructura disipativa: una máquina dedicada por completo a acaparar y conducir continuamente un flujo continuo de energía.

Y me gustaría enfatizar todo lo dicho un poco más si cabe. Os enlazo para ello a continuación un documental que Hilary Harris filmó en 1975, llamado: "Organism". El documental se basa en mostrar la "equivalencia visual" que presenta nuestra sociedad (agrupación de personas) con la agrupación de células que conforman nuestro organismo individual. En mi opinión, lo fundamental del trabajo es el hecho de que esta clara analogía se hace mucho más patente cuando se filma nuestro mundo social a gran velocidad (y desde una amplia perspectiva panorámica):


En el documental salen personas que probablemente murieron hace ya bastante tiempo; muchas de las cuales incluso posiblemente ya ni siquiera nadie recuerda. Su existencia como sujetos fue efímera, leve e insignificante. Pero no obstante su trabajo y su esfuerzo vital sí que permanece: muchas de sus aportaciones personales es posible que todavía perduren; como por ejemplo algunos de los edificios que ayudaron a construir, algunas ideas culturales que ayudaran a promover, o alguna innovación tecnológica a la que pudiesen aportaran algo. Y aunque no fuera así, todavía es posible que dejaran descendencia que aún esté viva, consumiendo en estos momentos eficientemente energía; o como poco, seguro que es notable el aumento de entropía (residuos) que todas esas vidas de consumo, alimentación y respiración produjeron: el cambio climático, por ejemplo; es una suerte de gran acumulación de la degradación y polución que todos los seres humanos hemos ido produciendo hasta este instante en pos de este comentado natural (y común) afán de producción y consumo (se estima por poner un solo ejemplo, que gran parte del efecto invernadero es causado por las flatulencias de los miles de millones de animales de granjas que sirven para nuestro consumo alimentario). De todas formas no se nos puede culpar por ello, simplemente actuamos de acuerdo a como estamos predestinados dada nuestra esencia como máquinas térmicas encargadas de procesar y disipar la energía de alta calidad del Sol.

De todas formas, y aunque ya hemos visto que como sujetos somos tan insignificantes y prescindibles como una célula individual dentro de un organismo, al mismo tiempo, y tal como le ocurre a esta célula, todo (cualquier estructura o fenómeno, animado o no) forma siempre parte y contribuye (lo sepa o no) en favor de un único "fin" termodinámico reductible común. Una verdadera causa última que da sentido a cualquier existencia, ya sea ésta más o menos organizada, y por muy leve y temporal que dicha presencia fenoménica sea. Todo lo que existe en nuestro mundo, existe para ayudar con su esfuerzo y trabajo en continuar la senda exponencial de consumo ascendente que el Universo "desea" mantener.

En este sentido, hace pocos días científicos de renombre (destacando quizás el físico Stephen Hawkins), alertaban del peligro de que las máquinas inteligentes nos desplacen o reemplacen (o destruyan si se quiere ser más hollywoodiense). Y no están equivocados. Es más, se trata de una simple deducción a la vista de lo ya comentado. Máquinas con inteligencia sobrehumana, de reproducción autónoma, y con la ventaja añadida de no poseer la levedad y la debilidad que presentan las estructuras biológicas basadas en el carbono. No cabe duda de que estos artilugios son firmes candidatos a continuar el camino exponencial en el consumo de energía libre por unidad de masa. En cierto modo es incluso de perogrullo el hecho anunciado de que tan pronto como estas máquinas sean catalizadas por nuestra cultura tecnológica, y dada la enorme eficiencia termodinámica que tendrán, irremediablemente irán gradualmente (y no abruptamente como ocurre en las películas de Hollywood) desplazando a nuestra especie como ente dominante en el planeta (podéis profundizar más sobre este tema en esta otra entrada del blog).

Además, y aventurando un poco el futuro, parece que si uno se fija en las gráficas de Eric Chaisson el siguiente paso lógico para mantener el ritmo de crecimiento exponencial debería ser el de la colonización espacial. Es decir; que aquellas eficientes estructuras evolucionadas localmente en cada planeta (con capacidad para albergar vida) y con la capacidad añadida (tecnológica) para escapar de la gravitación del propio planeta, comiencen la conquista (o invasión) de otros planetas esparciendo así su "semilla".

Pero los organismos biológicos como los aparecido aquí en la Tierra no son aptos para tal hazaña (dado lo limitados que están por su origen evolutivo y por la sobre-adaptación histórica al hábitat local al planeta de origen). En este sentido es de sobra conocido que las condiciones espaciales son muy agresivas para estos organismos; y los larguísimos periodos de tiempo necesarios para alcanzar otros sistemas planetarios diferentes de aquellos donde estos entes se originan lo empeora todo. Volviendo por ejemplo al caso concreto del hombre, es claramente inviable que miles de generaciones sobrevivan en una nave de gran tonelaje viajando durante ciento de miles de años hasta alcanzar otro planeta al que luego habrá que moldear (hacer habitable) a las condiciones de nuestro mundo original. Pues este mismo problema lo tendrá cualquier otro tipo de vida aparecido en cualquier planeta del Universo mediante un proceso evolutivo similar al acontecido en la Tierra.

Así que no, no serán humanos los que pueblen otras partes del cosmos. Si la colonización espacial llega a ocurrir, será como consecuencia de un producto catalizado culturalmente (tecnológicamente) de manera Lamarckiana. Es decir, que ya sea el hombre u otra especie orgánica la encargada de dar el siguiente paso en la evolución cósmica, el caso es que muy probablemente el ente que logre finalmente expandirse por el espacio y alcanzar otros sistemas planetarios (viajando sin problemas durante miles o cientos de miles de años y sin la necesidad de adaptar cada hábitat planetario) estará basado de alguna manera en algún tipo de base metálica o en algún compuesto sintético artificial dispuesto (diseñado) para tal fin. Este producto catalizado será posiblemente un ente inteligente, preparado para soportar grandes viajes estelares y para auto-reparar cualquier accidente que sufra a partir meramente de la energía y la materia circundante. Será además una entidad capaz de replicarse de manera autónoma, a gran velocidad y con gran eficiencia, y llevará por tanto el concepto de consumo de energía libre por unidad de masa a cotas varios órdenes de magnitud superior a lo que el hombre (o cualquier otro ente biológico) podría siquiera imaginar.

Por lo tanto, y a pesar de nuestra insignificancia para el mundo como sujetos, serán después de todo estos sintéticos "hijos" nuestros, fruto del avance tecnológico al que todos y cada uno de los seres humanos vividos y por vivir habremos podido contribuir de una manera u otra, los que con suerte ayuden en el "pretendido" avance natural en pos de la continua superación en el ritmo general de degradación energética. Toda nuestra lucha como individuos y como especie se vería así reconfortado por el reconocimiento de que después de todo, todo nuestro esfuerzo SÍ podría objetivamente servir para algo: aunque ese algo no sea relevante desde un punto de vista puramente subjetivo o antropocéntrico.

Cada vez que nos alimentamos, cada vez que respiramos, cada día de trabajo, cada vez que amamos, que nos reproducimos, que criamos, que nos peleamos; cada agresión y cada cooperación, todo va enfocado siempre a la misma finalidad natural: acelerar en lo posible la transformación de la energía libre (en potencia) disponible en energía totalmente degradada e incapaz de generar nuevo trabajo (movimiento coordinado) efectivo. Porque el hecho de tener que mantenerse e incrementarse en lo posible siempre el flujo ininterrumpido de energía libre es lo que une al mundo animado y al animado. Es este mandamiento termodinámico lo que en todo momento guía y dirige de manera global cualquier cambio a gran escala: desde el movimiento inanimado más básico hasta la conducta social más intrincada.

Y respecto al origen o causa de esta propia tendencia dinámica, comentar que el profesor Eric Chaisson nos explica que fue la propia expansión del espacio originado tras el Big Bang lo que permitió, dadas las leyes naturales en su conjunto, la aparición de lo que se denomina como energía en potencia (energía potencial); pero que la aparición de este tipo de energía fue aparejada inmediatamente por una aversión a las diferencias en las propiedades físicas locales (gradientes) que ésta potencialidad no homogénea propiciaba. El Universo parece querer de alguna manera "retractarse" de su propia existencia, insistiendo en abolir su propio potencial para generar movimiento (cambio efectivo) cuanto antes mejor (idealmente a un ritmo exponencial). Esto parece indicar que el mundo de alguna manera "necesita" liquidar esa especie de saldo entrópico en el menor tiempo posible. Merece por cierto la pena mencionar que esto es algo sospechosamente "similar" a lo que ocurre en el mundo microscópico (cuántico), donde a una partícula se le "permite" aparecer (existir) salida de la nada (vacío cuántico) violando el principio de conservación de la energía; pero únicamente siempre y cuando restaure este saldo de energía "robado" lo suficientemente rápido como para que la realidad no lo "note" (haciéndose uso del principio de incertidumbre de Heisenberg).

Y es que, ante la indiscutible tendencia termodinámica presente por todo el cosmos y a cualquier escala o nivel de abstracción en que se mire, uno no puede evitar la fundamental pregunta sobre cuál puede ser la razón de ser (la esencia) de esta clara inclinación natural hacia la destrucción acelerada de toda su energía libre. La ciencia física hasta ahora nos explica bastante bien el modo en que todo deriva (su mecánica); es decir, que nos ayuda a reconstruir el pasado y a prever el futuro, pero todavía tenemos que encontrarle una explicación en sí a la propia dinámica marcadamente direccional que hemos venido explicando hasta ahora. La mayoría de físicos que trabajan en la actualidad en estos temas (estudiando la termodinámica en sistemas no aislados y fuera del equilibrio térmico) reconocen la anterior pregunta como legítima (aceptando como ineludible el hecho de que el Universo presenta una suerte de tendencia teleológica en tales sistemas), pero la gran mayoría dejan luego completamente abierta la respuesta a la misma: puesto que sencillamente no saben de momento cómo responderla.

Y es que además hay muchas posibles respuestas, siendo todas ellas de momento meras hipótesis especulativas. Algunas de tales propuestas hacen uso de postulados teológicos metafísicos (como la cosmovisión de Philipp Mainländer de la que hablé hace tiempo en el blog); pero no es en absoluto necesario que esto sea así, habiendo efectivamente otras propuestas que intentan explicar el asunto sin la necesidad de apelar a ninguna metafísica teológica intencional (como podría ser el caso de la propuesta del vacío cuántico y su relación con el origen del Universo que arriba he bosquejado un poco, y que expliqué con más detalle en esta otra entrada).

Sea como fuere, y a modo de resumen, sólo remarcar que parece indiscutible que la vida ahora sí que se puede decir que posee en general un sentido objetivo Universal. Y ciertamente dicho objetivo podrá subjetivamente valorarse luego (por aquellos entes con capacidad para hacerlo como es nuestro caso) de muy diversas maneras: algunos pensarán que este objetivo natural sencillamente no merece la pena, otros lo verán como una especie de trágica broma cósmica, algunos serán capaces de aceptar este destino nuestro de manera estoica, otros negarán lo evidente apelando a algún Dios (humanizado) y a Su designio inescrutable, e incluso los habrán que vean algún tipo de redención o penitencia en el fondo del asunto. En realidad como sujeto cada cual entenderá esta comentada "finalidad" termodinámica a su manera; y la valorará y la juzgará igualmente como desee...pero de todas formas nuestra valoración subjetiva es tal inútil (objetivamente) como nuestra existencia personal: el hecho evidente e incuestionable es que todos viviremos (nos guste más o menos), y que todos aportaremos (queramos o no) en la destrucción acelerada de cualquier fuente de energía libre. Al Universo le importa bien poco nuestra opinión o nuestras preocupaciones; él "sabe" lo que "quiere" y hará uso de todos los medios que estén a su alcance para conseguirlo. No está de más en este punto insistir por enésima vez en la constatación de que el mundo se "deshará" del ser humano (no activamente, sino mediante la misma evolución cósmica natural que nos dio origen) tan pronto como deje de serle útil (i.e.; en cuando las circunstancias cambien lo suficiente y dejemos se constituir termodinámicamente un óptimo local adecuado).

¿Se trata nuestro destino en fin, visto lo visto y como diría Leopardi, de un "abisso orrido, immenso, ov'ei precipitando il tutto obblia" (una fatalidad horrible, y un inmenso abismo donde al precipitarse todo se olvida)? Yo personalmente no lo veo así. Yo creo (aunque asumo que es sólo eso, una mera creencia), que el Universo se comporta de este modo porque de algún modo metafísico así lo necesita. Y como de momento no soy capaz (y posiblemente nunca lo sea) de acertar a ver qué tipo de metafísica y qué necesidad concreta puede ser esta, me limito a dejarme llevar por el hedonismo y en la manera de lo posible por el estoicismo. Trabajo y lucho como este mundo desea que haga, crío a mis hijas con el amor que el propio Universo quiere que sienta y disfrute; y moriré si puedo lograrlo con un sentimiento de redención; un auto-reconocimiento personal que me demostrará (a mí mismo) que hice todo lo que pude por acatar los designios que evolutivamente me fueron impuestos desde el mismo momento de mi nacimiento. Y aunque al cabo de pocas décadas poco rastro directo quedará de mi paso por la existencia, espero al menos de corazón que algunos de mis actos (o la mayoría de ellos) sirvan al menos de manera indirecta para avanzar todo lo posible en ese vehemente fin termodinámico que todo ser (vivo y no vivo, consciente o no) comparte por el simple hecho de pertenecer a esta Realidad.

domingo, 20 de agosto de 2017

Extractos del libro "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución" por Dorion Sagan

Tanta belleza, al lado
de una estación tan breve,
sugiere a nuestra atónita razón
esta desoladora conjetura:
el mundo fue creado sin ningún fin o telos
y si -como nos diarían algunos-
hay una meta,
no somos nosotros.
(Joseph Brodsky)

La vida no es una condenada cosa tras otra
Es la misma condenada cosa una y otra vez.
(Edna St. Vincent Millay)

El hombre occidental que se declara consciente de su unidad con
Dios o el universo [...] choca con la concepción religiosa de su so-
ciedad. En la mayoría de culturas asiáticas, sin embargo, a ese
hombre se le felicitar-ía por haber penetrado el auténtico secreto de
la vida. Ha llegado, por azar o mediante alguna disciplina como el
yoga o la meditación zen, a un estado de conciencia en el que ex-
perimenta directa y vívidamente lo que nuestros propios científicos
saben que es cierto en teoría. Porque el ecólogo, el biólogo y el fí-
sico saben (aunque apenas sienten) que todo organismo constituye
una unidad de comportamiento, o proceso, con su entorno. No hay
manera de separar lo que hace un organismo dado de lo que hace
su entorno, razón por la cual los ecólogos no hablan de organismos
en entornos, sino de organismos-entornos […]. El científico occi-
dental puede percibir racionalmente la idea de organismo-entomo,
pero ordinariamente no siente esta realidad. Por condicionamiento
cultural y social, ha quedado hipnotizado por experimentarse a sí
mismo como un ego, como un centro aislado de conciencia y vo-
luntad dentro de una bolsa de piel, enfrentado a un mundo externo
y ajeno. Decimos "vine a este mundo". Pero no hicimos nada de
eso. Salimos de él… igual que los frutos de los árboles.
(Alan Watts)




En esta entrada me gustaría mostraros algunos de los, en mi opinión, mejores extractos del maravilloso libro "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución", escrito por los grandes divulgadores científicos Dorion Sagan y Eric D. Schneider. Aparejado a cada fragmento que os transcriba de esta fenomenal obra os ofreceré también algunos comentarios de mi parte al respecto.
«Lo que más nos interesa aquí es la gran simplificación sintetizada en el aforismo "la naturaleza aborrece los gradientes". Este concepto sorprendentemente fructífero, que exponemos en detalle, condensa buena parte de la investigación reciente en termodinámica. La idea de que la naturaleza aborrece los gradientes, una de las nociones clave de este libro, es muy simple: un gradiente no es más que una diferencia de temperatura, presión o concentración química, por ejemplo a lo largo de una distancia. La aversión de la naturaleza hacia los gradientes implica que éstos tenderán espontáneamente a desaparecer, de manera especialmente espectacular por la acción de sistemas complejos autoorganizados, que aceleran su disgregación. El concepto simple de gradientes que se deshacen resume la difícil ciencia de la termodinámica, desmitifica la entropía -tan importante para el universo como la gravedad- y arroja luz sobre cómo surgen de manera natural estructuras y procesos complejos, incluidos los de la vida.
Al final se plantean diversas cuestiones filosóficas que resultan ineludibles. La principal es la existencia de la vida. ¿Por qué existe la vida?¿Tiene ésta, desde una perspectiva científica, una función general? Nuestra respuesta es que sí. Un gradiente de presión barométrica en la atmósfera (la diferencia entre masas de alta y baja presión) da pie a un tomado, un sistema cíclico complejo. La función del tornado, su propósito, es eliminar el gradiente. La vida tiene un propósito natural similar. Sólo que, en vez de deshacer rápidamente un gradiente de presión y después desaparecer, la vida tiende a reducir, en el transcurso de miles de millones de años, el enorme gradiente estelar que existe entre el Sol caliente y el espacio frío, ganando complejidad en el proceso. La evolución de for-
mas de vida complejas e inteligentes puede explicarse por la eficacia de la vida como sistema cíclico consagrado a la reducción de gradientes. La función original y básica de la vida, como la de los otros sistemas complejos que examinamos en este libro, es reducir un gradiente medioambiental.»
Imponente argumento que da muchísimo que pensar. Y es que el aforismo de que "la naturaleza aborrece los gradientes" es menos metafórico de lo que puede parecer. El mundo natural realmente parece "buscar" activamente destruir y disgregar cualquier diferencia de potencial que el fenómeno presente. Si no fuese por este hecho, la vida sería imposible. O dicho de otro modo, la vida sólo es posible gracias a que funciona como eficiente mecanismo para la destrucción del gradiente (la diferencia) de temperatura acontecida entre la superficie del Sol (a 4000 grados Kelvin) , y la baja temperatura del espacio exterior (de aproximadamente 2 grados Kelvin).

El mundo tiende a devorar tan pronto como sea posible cualquier gradiente que en él acontezca, y la vida aquí en la Tierra es parte de la maquinaria natural puesta al servicio de tal fin.
«[...] es imposible convertir enteramente calor en trabajo: en todos los casos se pierde algo en la transformación.[...] No hay creación sin destrucción.
[...] la potencia muscular del tigre procede de la energía de los azúcares de la sangre, almacenada a partir de los animales que ha devorado, los cuales se alimentan de plantas que, a su vez, se alimentan del gradiente solar. En las mitocondrias de las células del cuerpo del tigre se generan flujos de electrones e iones -electricidad- a partir de la reacción de moléculas ricas en hidrógeno, procedentes del alimento, con el oxígeno. Las reacciones son posibles gracias a la diferencia de potencial químico entre el hidrógeno y el oxígeno, lo que se conoce como "gradiente redox". Las membranas mitocondriales transfieren este potencial a una molécula almacenadora de energía, el ATP, cuya des-
composición libera la energía necesaria para que las formas de vida se muevan o perciban. Otros compuestos químicos se cargan y preparan de manera similar. Cuando pensamos, se reducen gradientes a medida que oleadas de potenciales de acción viajan por los axones, despolarizando cargas eléctricas a lo largo de las membranas; los neurotransmisores envían mensajes electroquímicos que afectan a millones de neuronas. Pero, tras dispararse, estas neuronas tienen que recargarse. Para hacerlo, bombean más iones a través de sus membranas. Así, aunque no parezca un ejercicio per se, pensar mucho despierta el apetito. Si bien únicamente representa un 2 % del peso corporal, el cerebro humano consume hasta una quinta parte de la glucosa sanguínea. Esta es acaparada para reconstituir los gradientes redox que hacen posible el pensamiento continuado (que, en el tigre, pronto vuelve a centrarse en cuándo y cómo acechar la siguiente comida). Cuando el tigre fija la mirada en su presa y salta, está consumiendo energía procedente del Sol (aunque muy transformada) en un proceso cíclico que consume energía para fortalecer la forma acumuladora de ésta, Dicho ciclo energético alcanza su máximo esplendor en el tigre, pero, en última instancia, se extiende al universo entero. Mirando al tigre con los ojos de su mente, William Blake se pregunta qué mano o qué ojo inmortal pudo enmarcar tan temida simetría.
La respuesta a esa pregunta parece clara: la energía, tal como la describe la termodinámica, esto es, cambiante, decadente, capturada y reciclada, y siempre adoptando nuevas formas.
Wicken relaciona la vida y su dirección con el universo en expansión:
"No hay una conexión a priori entre disipación y estructuración. La razón de que ambas tiendan a acoplarse, de que los fenómenos evolutivos en el sentido progresivo sean posibles, es que las fuerzas de la naturaleza son en su mayor parte asociativas. En un universo donde la expansión cósmica mantiene un desequilibrio entre las formas potencia y térmica de la energía, esto significa que juntar entidades menores para formar entidades mayores generará entropía a través de la conversión de energía potencial en calor. De ahí que los pozos de energía potencial hacia los que tienden a fluir los procesos naturales se correlacionen con la construcción de estructura [...]. La disipación es la fuerza motriz de la tendencia constructiva o integrativa del universo. La disipación entrópica propulsa la estructuración evolutiva; las fuerzas de la naturaleza le dan forma"
Si se impone un gradiente a un sistema, éste seguirá cualquier vía disponible para degradarlo. El gradiente de radiación impuesto a la Tierra promueve el empleo de energía libre (la captura de fotones) para construir estructuras complejas a través de la autocatálisis. La energía capturada se disipa en procesos ulteriores de reducción de gradientes: reproducción, fisiología y comportamiento. Aproximadamente uno de cada quinientos fotones que inciden sobre la Tierra se convierte, a través de las bacterias, las algas y las plantas, en la energía química de la materia orgánica.
Retrospectivamente, podemos ver que los principios anteriores reflejan la aversión de la naturaleza hacia los gradientes. Éstos pueden ser de presión, concentración química, temperatura o cualquier potencial relacionado al trabajo. Si un gradiente externo aparta al sistema del equilibrio, éste cambia de estado para oponerse al gradiente aplicado.»
Como hemos visto, la naturaleza siente aversión y aberración por los gradientes, y la mejor forma a veces para destruir los mismos vemos que pasa por la creación continua, por la degradación cíclica mediante procesos eficientes. Nos comentan los autores como es imposible realizar trabajo sin perder (en forma de calor) energía útil en el proceso. Y por lo tanto la Naturaleza en cuanto puede hace uso (y abuso) de este hecho termodinámico para lograr reducir los gradientes al máximo ritmo posible: construye y "diseña" (evolutivamente) complejas estructuras capaces de funcionar en el tiempo de manera fiel y repetible en un proceso iterativo sin fin de creación, transformación y destrucción. Se trata simplemente del hecho de que cuanto más se crea, al mismo tiempo más se destruye. Esta es precisamente la fuente física del ansia y la vehemencia con la que se nos presenta varios complejos fenómenos cíclicos naturales (como por ejemplo tornados, huracanes, ríos, ecosistemas en general, y por supuesto el tradicionalmente conocido como ciclo de la vida). Más adelante se comenta en el libro:
«"Heráclito tenía razón", afirma Popper, "no somos [el individuo] cosas, sino llamas. O, más prosaicamente, somos, como todas las células, procesos metabólicos, redes de vías químicas.
[...]la coherencia surge de manera natural cuando se aplica un gradiente de temperatura. La naturaleza crea sistemas, a veces bastante complejos, "para" librarse de los gradientes y exportar caos molecular al medio. Los ciclos materiales energéticamente impulsados, las redes autorreforzantes, dan lugar a estructuras "centrípetas" individualizadas.»
Pero no se limitan Dorion Sagan y Eric D. Schneider a derrochar afirmaciones de este tipo sin más, sino que el libro es en sí de una exquisita calidad divulgativa, en ocasiones quizás incluso demasiado detalladas y técnicas, de todo lo que se pretende defender. Y aunque evidentemente por motivos de espacio no puedo incluir por aquí todo lo que explican los autores en la obra, si me gustaría añadir algunos fragmentos interesantes al respecto:
«La planta [..] explota un gradiente para adquirir estructura y degradar la energía solar de alta calidad en calor de baja exergía. Este proceso es consecuencia del imperativo termodinámico conducente a la degradación más completa posible de la calidad de la energía solar incidente. Las plantas quizá sean el más avanzado instrumento evolucionado hasta ahora para degradar la radiación solar incidente. Un corolario de la aversión de la naturaleza hacia los gradientes es que un sistema al que se le imponga un gradiente puede desarrollar procesos y estructuras que retarden la caída inmediata de la materia y la energía hacia el equilibrio, mientras degradan, de la manera más completa posible, el gradiente impuesto. Ya hemos discutido el origen de la vida y la evolución de los organismos quimiotróficos y fototróficos.
Estas tendencias reflejan la influencia conformadora de la energía en los sistemas complejos, sea en el marco temporal más limitado de los procesos ecológicos o en la vastedad del tiempo evolutivo. Un ecosistema puede necesitar cientos de años para alcanzar su plena madurez, mientras que la evolución biológica comenzó su andadura hace 3500 millones de años. No obstante, en ambos casos vemos cómo una fase inicial de crecimiento rápido da paso a un incremento de los ciclos y la diversidad. La evidencia del aumento de la diversidad a lo largo del tiempo evolutivo está bien asentada, y si convenimos en que la biosfera se ha expandido con el tiempo, está claro que los ciclos también lo han hecho. Puesto que los organismos son sistemas complejos que toman carbono, energía y electrones de su entorno, al que, en contrapartida, vierten materiales degradados y calor a medida que se desarrollan, por fuerza incrementan el reciclado de elementos necesarios para la vida, como el carbono, el nitrógeno y el fósforo. Las islas del Pacífico formadas por el guano rico en fósforo depositado por las aves marinas son un ejemplo emblemático de la obviedad de este incremento de los ciclos materiales coincidente con la evolución de la vida. No hay ningún misterio esencial en la intensificación de estas actividades, como tampoco lo hay en la flecha progresiva de la evolución, de base termodinámica. A medida que los organismos, explotando el gradiente solar, expanden sus actividades a través de la reproducción, que es el renuevo del metabolismo termodinámico, incrementan también la complejidad biológica (aunque exporten caos molecular y calor al entorno más amplio). Al mantenerse en un estado de baja entropía, y crecer, los organismos expanden tanto la complejidad (local) como el desorden (vertiendo calor al espacio). Finalmente, el sistema termodinámico llega al límite de su crecimiento, y la energía antes invertida en la expansión se recanaliza internamente, manifestándose como diversidad, diferenciación y reciclaje incrementado.
[...]Según la perspectiva de Wicken, las verdaderas unidades de selección son las "pautas informadas de flujo termodinámico", de las que organismos, poblaciones y ecosistemas no son más que casos particulares:
"La termodinámica ecosistémica generaliza el significado de la selección en un marco físico. Las unidades de selección más generales en la naturaleza no son los individuos, sino las pautas informadas de flujo termodinámico, de las que organismos, poblaciones y ecosistemas no son más que ejemplificaciones. Algunos patrones de flujo son superiores a otros en cuanto a la movilización de recursos, y son seleccionados sobre esa base."
[En el mundo físico] Los ciclos mantienen indefinidamente su persistencia[...]. Representan la capacidad natural, implícita en la naturaleza termodinámica, de resolver de la mejor manera, bajo condiciones físicas o químicas dadas, el problema de reducir un gradiente. [...] Es como si la presencia cercana de un gradiente presionara, a veces literalmente, a las partículas que se mueven a su aire para que se agreguen, aunque sea fugazmente en "individualidades" disipativas.
Si pensamos en el ecosistema como un sistema termodinámico disipativo, en el climax el sistema se encuentra en un estado cuasi-estacionario: está organizado para degradar todos los gradientes energéticos disponibles de la manera más completa posible, sea por medios autotróficos o heterotróficos. Un ecosistema es un reductor de gradientes a gran escala. La proliferación de organismos previa al estadio "climax" crea el sistema maduro, que es más intricado, complejo y organizado, así como más capaz de reducir gradientes a una escala enorme.»
En cierto momento, los autores se expresan de la siguiente manera:
«Los árboles despliegan activamente sus raíces y hojas para absorber el agua y la energía, dos ingredientes necesarios para incrementar la disipación. [...] Cada nueva hoja, cada nueva predisposición fototrófica, es una nueva oportunidad para la degradación de energía. En resumen, el dicho cartesiano "pienso, luego existo" se convierte en "existo porque disipo"
"Existo porque disipo". No se puede decir más con menos palabras. Simple y llanamente, ningún fenómeno complejo es estable (duradero) si no va aparejado de una gran capacidad de consumo y disipación de energía. Jamás veremos tal cosa en el mundo (complejidad no aparejada a una eficiencia en el consumo de energía), y eso es debido a que la complejidad únicamente es posible como medio natural por el que destruir gradientes de energía. Así pues, en nuestro Universo ser un eficiente disipador de energía ¡es condición necesaria para poder existir!

Posteriormente, y tras explicar la física de la termodinámica y sus implicaciones en los ecosistemas y los sistemas vivos en general, el libro trata el asunto desde una perspectiva humana. La conclusión es que:
«[...] La inteligencia y la tecnología están en consonancia con la tendencia de la segunda ley [atendiendo] al incremento de la explotación y reducción de los gradientes disponibles: la inteligencia nos proporciona el conocimiento, y la tecnología el modo de completar la reducción de gradientes.»
Conocimiento y tecnología, nos explican con detalle en el libro, son de nuevo meras herramientas a las órdenes naturales de las leyes termodinámicas...y nada más (objetivamente hablando). Nuestro razonamiento y capacidades cognitivas son asombrosas, pero son sólo el resultado del mismo proceso de exploración física en la búsqueda de los mecanismos más óptimos posibles en cuanto a su capacidad para devorar los gradientes energéticos. Podemos decir, no sé si con orgullo, que nuestra mente es el fruto de millones de años de la dura lucha que el mundo natural mantiene en contra de todos sus gradientes: y que posiblemente seamos uno de los medios más efectivos y destructores que haya logrado el Universo (al menos en cuanto a consumo por densidad de masa). Somos (gracias a nuestro cerebro) unas de las máquina más perfectas y complejas de la que dispone la armada natural en su cruzada.

Pero es importantes destacar que esta gran eficiencia nuestra no nos hace especiales más allá de la propia capacidad cuantitativa que demostramos poseer a la hora de derruir y abolir gradientes. Tenemos a nuestro alrededor (y en nuestro interior) una amplia gama de otros sistemas que persiguen nuestro mismo fin y que tampoco lo hacen nada mal:
«Como sistemas termodinámicos de larga evolución, exhibimos comportamientos mucho más complejos que los de los sistemas energéticos inanimados. Pero hasta los más simples de tales sistemas revelan un comportamiento intencional. Consideremos, en una pendiente nevada, una cabaña calentada con un fuego de leña. El aire de la cabaña no tiene conciencia ni está vivo, pero se comporta como si tuviera una finalidad. El aire caliente exhibe conductas de búsqueda: "intenta" escapar por cualquier grieta disponible (el ojo de una cerradura, o una ventana entreabierta). Un conocido nuestro que se dedicaba al aislamiento térmico de casas vio una vez una serpentina de aire entrar en una habitación a través de un enchufe y subir por la pared; tras recorrer la mitad del techo, y como si cambiara de idea, volvió por el mismo camino hasta el enchufe por donde había entrado. (Los expertos en aislamiento térmico añaden polvo al aire para visualizar su movimiento y así sellar mejor las estancias.) Este comportamiento, que da la impresión de intencionalidad consciente, es teleomático: como la gravedad, es el resultado esperado de una ley natural.»
Todo sistema complejo presenta algún grado de comportamiento intencional (algún grado de "voluntad"), es un mandamiento físico Universal. Y es quizás, como muchos científicos defienden ya hoy día sin tapujos, un gradual proceso físico de complicación en la forma de degradar energía lo que dio origen y sustento a toda nuestra propia conducta volitiva racional: en este sentido se puede decir que no somos otra cosa (a pesar de nuestra razón y consciencia) mas que máquinas preparadas para devorar gradientes tan pronto se nos presente la oportunidad. Vale la pena reconocer en esta última afirmación la manera en que hemos quemado (estamos quemando) hasta el último resquicio de combustible fósil existente; unos restos fósiles que no son otra cosa más que poderosos gradientes químicos almacenados bajo Tierra tras millones de años de formación. Y en este sentido, Dorion Sagan nos dice además que:
«Buena parte del comportamiento animal tiene que ver con encontrar alimento y parejas sexuales, cuidar de la prole y eludir a los predadores. Estos comportamientos mantienen a los sistemas vivos fuera de equilibrio y les permiten seguir degradando gradientes. Así pues, nuestros comportamientos e impulsos alimentarios y sexuales, que nos mantienen como sistemas termodinámicos o perpetúan nuestro linaje cuando nos desgastamos, puede que estén más cerca de los de nuestros primos inanimados de lo que nuestras culturas nos han enseñado. Freud postuló dos impulsos humanos básicos: eros, el impulso sexual, y thanatos, el impulso mortal [el impulso de muerte]. Ya hemos discutido el primero en términos termodinámicos como el ansia de copular y quizá producir descendencia capaz de continuar la reducción de gradientes más allá de la propia espiral mortal. Pero thanatos también puede explicarse como la tendencia de la naturaleza al equilibrio termodinámico. El equilibrio termodinámico equivale a la muerte. El impulso vital, como hemos visto, es doble. La destrucción de gradientes implica la generación espontánea de sistemas complejos: se producen gradientes locales nuevos a la vez que se reducen viejos gradientes globales. Así como los platos caen al suelo por influjo de la ley de la gravedad, nosotros nos vemos impelidos a la muerte y al sexo por influjo de la segunda ley. La diferencia es que, mientras la gravedad actúa sobre nosotros físicamente, la segunda ley actúa a través de nosotros bioquímicamente. Cuando gesticulamos en una conversación animada, acercar nuestras manos a nuestro interlocutor no distorsiona gravitatoriamente su cara en nuestra dirección: aunque la gravedad es una fuerza principal a escala cósmica, sus efectos a nuestra escala son despreciables. No puede decirse lo mismo de la termodinámica, que, a través de su organización de la materia en sistemas cíclicos, incluyendo todos nuestros ancestros, continúa estructurándonos en las profundidades de nuestra organización fisiológica y nuestros impulsos psicológicos.
En nuestra visión, la vida es un medio curiosamente persistente de reducción de gradientes, cuyas peculiaridades no deberían hacemos pasar por alto su reveladora similitud con otros procesos cíclicos naturales que tienden a reducir gradientes. A pesar de su peculiar y larga historia, que nos incluye a nosotros, la vida es un sistema termodinámico que surgió espontáneamente para reducir un gradiente. La humanidad y la vida pueden contemplarse como extensiones de comportamientos dirigidos en sistemas inanimados que buscan maneras (cada vez más eficientes y elaboradas) de alcanzar el equilibrio.
[...] Como individuos seguimos siendo entes biológicos. Los cerebros que nos han traído cultura también nos han revelado nuestros límites individuales, aunque tendamos a seguir adelante como cierta forma material de organización cíclica (animales de la especie Homo sapiens).
Hay un sentido en el que los sistemas cercanos al equilibrio "calculan" cómo llegar al equilibrio. Puede que seamos una versión de esto. Nuestro anhelo de sexo y comida nos ayuda a seguir adelante, permitiéndonos permanecer como cierto tipo de sistema degradador de energía o hacer nuevas copias del modelo humano, que pueden continuar tras nuestra desaparición. Las preocupaciones amorosas y familiares perpetúan nuestro tipo específico de organización material genéticamente afianzada. La invención de maneras de ganar dinero nos ayuda a procuramos alimento, atraer parejas sexuales y expandir y proteger nuestro tipo de sistema reductor de gradientes.
Dicho de otro modo, el vínculo termodinámico entre materia y mente, entre lo teleomático y lo teleológico, sugiere que los comportamientos complejos que asociamos con la conducta deliberada (y, quizás en última instancia, la conducta deliberada misma) están fundamentados en un fenómeno o proceso del todo natural y en gran medida energético.»
Estos párrafos son muy reveladores, en especial la mención al thanatos de Freud. Ciertamente es la moderna termodinámica fuera del equilibro una disciplina capaz de explicar toda nuestra conducta y rasgos psicológicos bajo un único prisma físico: la reducción de gradientes. Todo acto humano, sea de la índole que sea, va siempre dirigido sobre esta función básica Universal de la que formamos parte. Y esto es importante porque nos dice que no importa qué sea lo que hagamos en cada segundo de nuestras vidas, porque estaremos siempre obedeciendo este mandamiento cósmico reductor. Cada uno de nuestros suspiros, cada una de nuestras comidas, cada vez que bebemos algo, cada vez que realizamos un movimiento muscular (i.e.; cada movimiento mecánico), cada pensamiento (el cerebro consume el 20% de la energía que procesamos cada día), cada hora dedicada a nuestros trabajos, cada momento de sexo, cada beso, cada una de las atenciones que dedicamos a nuestros hijos (la prole); y también cada acalorado conflicto social en que participamos, cada pelea y cada batalla, cada enfado y cada llanto, cada lamento y cada frustración. En general todos y cada uno de nuestros actos, sentimientos y voliciones individuales y sociales tienen como objetivo último provocar una reducción de gradientes: una degradación de algún tipo de energía.

Y aunque a veces esta relación no sea del todo obvia, con un poco de introspección se nos muestra siempre la verdad de esta afirmación: piensa, por ejemplo; cuando vas al gimnasio. Toda esa gente realizando un ejercicio innecesario a primera vista para la supervivencia, pero que tiene el interés verdadero de adelgazar o estar en forma. Lo primero servirá para encontrar una pareja sexual y lo segundo permitirá al individuo vivir más tiempo. Pero encontrar pareja sexual ya vimos antes que forma parte principal del ciclo vital con el que continuar (mediante la reproducción) reduciendo gradientes más allá de nuestra muerte como soma desechable, mientras que estar sanos para vivir más tiempo asegura también que estaremos más tiempo por aquí (vivos) reduciendo gradientes. En último término se puede ver como el simple acto de ir al gimnasio supone en último término satisfacer a la propia Naturaleza en su lucha contra los gradientes de diversas maneras: el ejercicio supone en sí mismo un alto consumo metabólico, pero además sirve para hacer a las personas más atractivas sexualmente (lo cual la ayudará a que procree y mantenga el ciclo de la vida), al mismo tiempo que hace al individuo más sano (lo cual lo ayudará a estar en el mundo más tiempo consumiendo recursos energéticos).

Sin embargo lo importante es notar que este ejemplo del gimnasio es sólo una muestra; un ejemplo del modo en que se puede siempre descubrir como reducir cualquier conducta humana a su verdadera base termodinámica esencial. En el libro en este sentido también se narra el siguiente testimonio revelador (bastante divertido y curioso por otra parte):

«Alan Watts, el teólogo de los años sesenta, no sólo intuyó este estatuto termodinámico de la vida, sino que lo afrontó directamente, y encontró en él una fuente de revelación natural:
"Los estándares religiosos, sean judíos, cristianos, mahometanos, hinduistas o budistas, son -tal como se practican ahora- como minas agotadas: muy duras de excavar. Con algunas excepciones no fáciles de encontrar, sus ideas sobre el hombre y el mundo, su imaginería, sus ritos y sus nociones de la buena vida no parecen ajustarse al universo tal como lo conocemos, ni a un mundo humano que está cambiando tan deprisa que mucho de lo que uno aprende en la escuela ya ha quedado obsoleto el día de la graduación [...]. Porque hay un recelo creciente de que la existencia es una carrera de ratas en una trampa: los organismos vivos, personas incluidas, no son más que tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás, las cuales los mantienen haciendo lo mismo y a largo plazo los desgastan. Así que, para seguir con esta farsa, los tubos encuentran maneras de producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con ojos y oídos, que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar. Siempre y cuando obtengan alimento suficiente, gastan su excedente energético en menearse de maneras complicadas, producir toda clase de sonidos inhalando y exhalando aire por el agujero de entrada y congregarse en grupos para luchar contra otros grupos. Con el tiempo, los tubos adquieren tal abundancia de aparatos adosados que apenas son reconocibles como simples tubos, y se las arreglan para hacerlo en una asombrosa variedad de formas. Existe una norma vaga de no comer tubos de la misma forma que la propia, pero en general hay una intensa competencia por ver quién se convierte en el tipo superior de tubo. Todo esto parece maravillosamente fútil, y sin embargo, si uno se pone a pensar en ello, comienza a parecer más maravilloso que fútil. De hecho, parece sumamente extraño".»
"Tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás", sí señor; eso es una muy buena metáfora de lo que verdaderamente somos, mucho que nos pese. Pero además Alan Watts omite otro hecho destacado: estos tubos que tragan alimento y aire, y expulsan desechos, están compuestos por millones de tubos más pequeños (células o moléculas) que hacen lo mismo, y que también estos tubos se agregan en grandes comunidades de tubos para cooperar con eficiencia en la única y misma dirección termodinámica (dentro de un ecosistema o de un sistema económico según sea el caso). Es decir, que la individualidad del tubo es siempre relativa y de difícil delimitación:
«Estas propensiones quimiotácticas, sin conciencia ni designio, recompensan a sus poseedores con una existencia continuada fuera del equilibrio. Esta persistencia, a su vez, les permite continuar trabajando para la segunda ley, reduciendo gradientes ambientales con más eficacia que en su ausencia.[...] A pesar del notable egoísmo de los seres vivos organizados para localizar y explotar gradientes, los organismos continúan siendo sistemas abiertos. Esto implica que su individualidad siempre está abierta a la transgresión, desde fuera cuando entablan alianzas con otros seres, y desde dentro cuando células renegadas proliferan sin atender al bien del genotipo al que pertenecen, como en el caso del cáncer.
[...] La actividad que llamamos comercio, y que se estudio en la disciplina humana de la economía, es en realidad un caso especial de un fenómeno más general, la compartición de productos e información por masas de "individuos" transformadores de energía. La misma palabra economía, es su forma verbal economizar, sugiere funcionalidad a través de una elegancia y una eficiencia aumentadas.»

Finalmente el libro entra en sus páginas finales a recapitular todo lo anteriormente dicho, y se refuerza el sentido teleológico observado en este extraño comportamiento o tendencia natural en cuanto a su desenfrenado deseo por destruir tan pronto como sea posible cualquier rastro de diferencia potencial:
«No somos tan arrogantes como para insistir en que nunca podría haber existido una entidad original que creara los gradientes en primera instancia. Lo que decimos es que entre lo vivo y lo no vivo hay un continuo de complejidad, y que los modos energéticos de la vida son en algunos casos llamativamente similares a procesos externos a nosotros, en el supuestamente inerte y no inteligente universo. Nos comportamos de manera inteligente, pero la materia pretendidamente aleatoria e insulsa también se organiza, describe ciclos y exhibe comportamientos de búsqueda (piénsese en la serpentina de aire en el techo). La naturaleza no modela las cosas como nosotros, con martillos y clavos.[...] la evolución ciertamente tiene una dirección: la de la expansión de las funciones [disipativas] de los sistemas lejos del equilibrio térmico, mientras éstos siguen la flecha del tiempo hacia un futuro apasionante e incierto.
La ciencia se basa en observaciones, y si negamos la direccionalidad evidente en la ecología y la evolución no estaremos siendo científicos. Esta finalidad de la vida no implica la existencia de un punto final cognoscible, y menos que ese punto final seamos nosotros. Lo que significa es que somos parte de un proceso creativo a escala cósmica que genera estructuras, complejidad e inteligencia a la par de que destruye gradientes. [...] Sostenemos que la conducta orientada a un fin y la funcionalidad tal como la experimentamos en nosotros mismos y observamos en otros animales y organismos es una derivación de los sistemas reductores de gradientes no vivos. En definitiva, todos los sistemas lejos del equilibrio térmico tienen una función natural básica: reducir un gradiente ambiental.»
Que la evolución tenga finalmente una dirección puede chocar a algún biólogo ortodoxo, y es una afirmación que precisamente desde la biología no está en general bien vista, pero a la luz de los modernos avances termodinámicos en sistemas fuera del equilibrio (léase por ejemplo el trabajo al respecto del destacado físico Jeremy Englandhttps://www.quantamagazine.org/first-support-for-a-physics-theory-of-life-20170726/), el argumento que defiende una dirección evolutiva es casi innegable. La evolución sí persigue una meta natural, tiene una clara finalidad, y es aquella de lograr expandir y mejorar las funciones disipativas de los sistemas lejos del equilibrio térmico.

Por último, me gustaría transcribir los párrafos con los que termina el libro de Dorion Sagan y Eric D. Schneider:
«[...] La naturaleza intencional de la vida, entendida en sentido amplio, tiene un origen termodinámico. Aunque el designio tiene connotaciones religiosas, también describe el fenómeno observable de la orientación hacia una meta futura. Esta orientación puede ir desde una bacteria que nada a lo largo de un gradiente químico hacia una fuente de alimento (o se aleja de una toxina) hasta un alto ejecutivo que planeo una OPA hostil sobre una compañía rival. Lo que queremos decir es que el designio, en este sentido inclusivo, desde el movimiento orientado  hacia la planificación consciente al largo plazo, refleja las ventajas acumuladas por los sistemas vivos que se aseguran el acceso a gradientes energéticos. Así, para nosotros, la finalidad de [toda] la vida tiene un origen termodinámico. [...] La vida es intencional. [Y] Esto es cierto con independencia de que haya o no alguna meta elevada o plan divino. Aunque la vida sea contemplada como un sistema energético complejo del todo natural, tal como hemos hecho en este libro, su finalidad es innegable. Los seres vivos buscan gradientes y muestran dirección en su desarrollo individual, relaciones ecológicas y evolución general.
Schrödinger envió una transcripción de sus conferencias de abril de 1943 a una respetada editorial de Dublín, Cahill & Co., para su publicación. En el manuscrito tinal insertó un corto epílogo de cuatro páginas sobre el determinismo y el libre albedrío, en el que afirmaba que en sus tres conferencias sólo había hablado de los aspectos científicos de la vida, pero que ahora quería exponer sus propios pensamientos subjetivos sobre las implicaciones filosóficas de su nueva visión de la vida:
"De acuerdo con la evidencia expuesta en las páginas precedentes, los acontecimientos espaciotemporales del cuerpo de un ser vivo correspondientes a la actividad de su mente, a su autoconciencia u otras acciones, son, si no estrictamente deterministas, en todo caso estadístico-deterministas […]. En apoyo de mi argumento, permítaseme considerar esto como un hecho, como creo que lo haría cualquier biólogo imparcial, si no fuera por esa bien conocida y desagradable sensación de tener que “declararse a uno mismo un mecanismo puro”. Pues se supone que semejante declaración se opone al libre albedrío, tal como lo garantiza la introspección directa. Pero las experiencias inmediatas, por variadas y dispares que sean, no pueden lógicamente de por sí contradecirse entre ellas. Veamos, pues, si es posible llegar a la conclusión correcta, y no contradictoria, a partir de las dos premisas siguientes:
(1) Mi cuerpo funciona como un mecanismo puro conforme a las leyes de la Naturaleza.
(2) Sin embargo, mediante la experiencia directa incontrovertible sé que estoy dirigiendo sus movimientos [los de mi cuerpo], cuyos efectos preveo y cuyas consecuencias pueden ser fatales y de máxima importancia, caso en el cual me siento y me hago enteramente responsable de ellas. La única conclusión posible de estos dos hechos es que yo —es decir, yo en el sentido más amplio de la palabra, o sea, toda mente consciente que alguna vez haya dicho o sentido “Yo”— soy la persona, si es que existe alguna, que controla el “movimiento de los átomos” de acuerdo con las leyes de la Naturaleza […] Resulta osado dar a esta sencilla conclusión la expresión que requiere. Decir en la terminología cristiana: “Por lo tanto, yo soy Dios Todopoderoso”, resulta a la vez blasfemo y extravagante. Pero dejemos a un lado este aspecto, por el momento, y consideremos si la deducción anterior no es acaso la más aproximada que un biólogo puede alcanzar para comprobar a la vez la existencia de Dios y la inmortalidad"
Schrödinger tenía razón. Somos como dioses termodinámicos: cuando el lector cierre este libro [esta web ;)] estará haciendo uso de su conciencia para dirigir energía, para explotar un gradiente muscular local en su cuerpo, un sistema abierto en un universo marcado en todas partes por la energía y su fluir inexorable.»
Así pues, sigamos viviendo. Continuemos degradando energía como tan bien se nos da hacer. Es nuestra única meta verdadera y la tarea a la que nos vemos impelidos desde el mismo momento de nuestro nacimiento. Viviremos y moriremos asegurando que el firme deseo natural por abolir gradientes continua su curso, y ayudaremos así al Universo a saldar esa deuda entrópica que mantiene consigo mismo.

Por cierto que no puedo evitar mencionar, antes de terminar, las palabras del filósofo Philipp Mainländer en su interpretación metafísica bajo la cosmovisión termodinámica natural (teleológica) que hemos estudiado antes: "El mundo completo, el Universo, tiene una meta: el no-ser y logra ésta mediante el continuo debilitamiento de su suma de fuerzas". Ciertamente el Universo parece que con su "aversión a los gradientes" busca desesperadamente acabar cuanto antes con todo su potencial para generar trabajo y cambio efectivo, es decir; parece que necesita acelerar en lo posible su "muerte" térmica (su paso al no-ser, o como poco a ser algo distinto de lo que ahora es). Y si finalmente resulta que todo esto es así, podemos estar orgullosos de admitir que somos unas de las estructuras que más y mejor ayudamos (al menos aquí en la Tierra) en esta finalidad esencial. ¿No guarda quizás incluso relación las palabras de Mainländer con las de Schrödinger cuando afirmaba este último que somos como "Dioses" termodinámicos?

Un saludo, compañeros. Y ya sabéis, sed buenos y reducid gradientes durante el mayor tiempo posible y del mejor modo en que podáis. Quizás así podamos sentir con satisfacción en nuestro lecho de muerte que nos ganamos la redención, que luchamos cada segundo de nuestras vidas con vehemencia y tesón en favor de este Bien Universal que todos (seres vivos y no vivos) mantenemos en común.