domingo, 14 de mayo de 2017

The God Theory: Universes, Zero-point Fields, and What's Behind It All (Bernard Haisch)


"La Matemática no es real, pero «parece real». ¿Dónde está ese lugar?"
(Richard Feynman)

Mientras escribía mi anterior artículo en el blog, recomendé en algún momento el libro de Bernard Haisch: The God Theory: Universes, Zero-point Fields, and What's Behind It All. Y como ya hacía tiempo que lo había leído (y la obra me había intrigado bastante en su día), me propuse darle un repaso; y ya puestos pues decidí subir y compartir con vosotros los capítulos fundamentales del trabajo. Tenéis el contenido a continuación (con opción de subtítulos en inglés) para que podáis valorar por vosotros mismos la hipótesis del autor. Más tarde haré un pequeña y breve reseña con mi opinión sobre la misma:


Pues bien. Una vez oído lo que el autor nos tiene que decir, paso a ofreceros mi reseña y opinión sobre el asunto:

Lo primero que quiero decir es que esta obra se trata sin duda de una aproximación muy interesante que, aún siendo una propuesta deísta (a veces incluso algo teísta), se aleja bastante de la mera revelación de las religiones tradicionales, haciendo por contra Bernard Haisch un honesto esfuerzo intelectual por intentar cuadrar los hechos del mundo con esa supuesta realidad trascendental defendida en el trabajo. El autor afianza de hecho sus premisas, como no debería ser nunca de otra forma, de manera que intenta siempre poder lograr consistencia y congruencia entre su hipótesis metafísica y la física del mundo inmanente del fenómeno, postulando para ello siempre a partir de parte de nuestro conocimiento de la física del mundo. Bien por él.

Dicho esto, voy procurar a continuación hacer un pequeño resumen esquemático de las palabras del autor (aunque sin duda lo ideal sería que pudieseis estudiar directamente la obra con el anterior audio y sacar así vuestras propias conclusiones):

En principio, según Bernard Haisch, existe un Dios en el sentido más tradicional: un ser que vive fuera del espacio y del tiempo: infinito, eterno, absoluto; una inimaginable (o inefable) perfección la cual simplemente Es. A este Dios lo denomina el Dios no manifestado (o no representado): "God the unmanifest". Hasta aquí no hay mucha novedad, y probablemente muchos al llegar a estas palabras ni siquiera hayan continuado con el audio; pero esa no debería ser nuestra postura. Todo aquel que se preocupe realmente por el problema ontológico del mundo debe ser honesto, abierto de mente y ser capaz de sobreponerse a sus prejuicios. Y aunque luego tras el estudio del cualquier obra de este tipo sigamos manteniendo nuestra opinión original, lo justo como digo, es que se haya estudiado seriamente cualquier alternativa de manera sincera y por muy lejos que parezca estar de nuestras creencias particulares.

Pues bien, según el autor, este Dios no manifiesto limitado como estaba a que su propio Ser fuese todo lo existente, tenía consecuentemente la limitación de no poder experimentarse a sí mismo. Porque aunque este Dios (no manifestado) constituya un infinito potencial, la cuestión es que lo potencial  (infinito o no), no es lo mismo que lo experimental. Así pues, este Dios (no manifestado) decidió (deseo) modificar dicho potencial para poder realmente experimentar su propia esencia. En ese sentido, Dios (el no manifesto) se transformó de manera que pudiera manifestar su infinito potencial existencial en un continuo acto de creación (como dice el autor: "and being becomes doing"). Así pues, ese infinito Ser (el Dios no manifestado) decidió manifestarse transformando lo absoluto en relativo (lo unitario en múltiple). Pero para lograr este paso a lo relativo, Dios necesitó hacer uso de lo que se entiende como polaridad (la manifestación de cualidades y propiedades opuestas que permitan de esa forma la posibilidad de poder diferenciar y detectar cambios y movimientos dentro de lo que será el nuevo fenómeno creado). De esta manera esa necesaria polaridad se representa por todo el fenómeno: existe lo frío vs. lo caliente, la luz vs. la oscuridad, el bien vs. el mal, materia vs. anti-materia, carga eléctrica positiva vs. carga eléctrica negativa, etc. Es decir, que todo en el mundo debe y de hecho va siempre acompañado de su opuesto; cuestión que cuando se tienen en cuenta tributos abstractos resultan en que en última instancia se reducen y manifiestan en sus polaridades físicas más básicas. Así pues, en polaridades de más alto nivel como por ejemplo lo frío vs. lo caliente, o el bien vs. el mal; todo se reduce a la confrontación que la polaridad permite en la suma de los atributos físicos en los constituyentes más básicos de estos fenómenos: como su carga eléctrica negativa vs. carga positiva, su momento lineal en un eje positivo vs. el momento lineal en el mismo eje del lado negativo, su carga de color positiva (para la fuerza nuclear fuerte) vs. carga de color negativa, etc. Pero lo importante es hacer notar que sin esta polaridad (que en algunas tradiciones místicas se denomina yin-yang), la experiencia como tal sería imposible. Y este asunto es importante porque explica fácilmente como una necesidad el problema del mal que las tradiciones religiosas teístas son incapaces de comprender.

Más tarde, el autor hace un símil entre esta necesidad que tuvo Dios (el no manifiesto) de querer experimentar su potencial, con la necesidad que tenemos todos nosotros de experimentar (crear o construir) lo que nuestra imaginación es capaz de  pensar e idear. El ser humano en cuanto puede hace manifiesto aquello que idea; valga como ejemplo cualquier cosa que necesita de nuestra creatividad: cine, música, video-juegos, etc. Y en el mismo sentido, ese infinito potencial del Dios absoluto no manifiesto, literalmente querría simplemente experimentar con todas y cada una de las combinaciones imaginables y posibles en que generar mundos que "vivir", cada uno de los cuales tendrá sus propiedades particulares (aunque todos presentarán la polaridad de la que hablamos antes, requisito para la experiencia).

Así pues, acabamos en un punto muy similar a donde acaba la cosmología moderna, proponiendo una infinidad de Universos paralelos, aunque con la excepción de que no es un proceso mecánico e insustancial el que genera toda la variedad de mundos existentes en el Multiverso, sino que sería una Causa incausada (el Dios no manifestado) el que decidiría las características concretas de cada mundo donde experimentarse (y "vivir") Él mismo, y de todas las maneras posibles e imaginables (que desee). Se modifica únicamente por tanto en el proceso de creación el hecho espontáneo que presentaría según la "ciencia" moderna una especie de matriz cuántica generadora de infinitos mundos (mediante una supuesta eterna inflación), por un muy similar proceso de creación intencionado cuya única meta es la de experimentar todo de todas las maneras posibles (y deseables).

Me gustaría decir un par de cosas al respecto de lo hablado hasta ahora: en primer lugar me gustaría mencionar cómo de esotérica suena la moderna cosmología del Multiverso cuando se la piensa bien. Ciertamente la propuesta de la eterna inflación soluciona en gran parte el misterio existencial, pero lo hace a un coste que pocas veces nos paramos a pensar: infinitos Universos creados por una eterna matriz cuántica generadora de Big Bangs...Ufff, cuando se piensa bien es una propuesta que realmente cuesta digerir. ¡Y es además lo mejor que la "ciencia" ha logrado hasta ahora encontrar al problema ontológico! Pero es que, ya puestos a andar especulando con la eternidad, con un infinito potencial, y con Causas incausadas; no parece tan descabellado después de todo alternativas como las propuestas por Bernard Haisch. Tampoco es que haya en el fondo una diferencia tan abismal como puede parecer a primera vista.

También me gustaría comentar cómo de parecida es la metafísica de este autor con la cosmovisión de otros autores anteriores. Por ejemplo, cuando uno escucha sobre ese simple deseo del Dios no manifiesto para experimentarse de todas las maneras posibles, no puede evitar acordarse por ejemplo de la Voluntad propuesta por Schopenhauer. Es más, en gran medida este libro viene a servir incluso como un soporte renovado (gracias a la física moderna) a las ideas de este viejo filósofo alemán.

Veamos por tanto con más profundidad cuál es este soporte de la física moderna de la que se hace uso en el trabajo de Bernard Haisch: principalmente se utiliza en el argumento lo que se conoce como Energía del punto cero ("Zero-point Fields"). Teoríacamente este concepto tiene soporte desde la relatividad y la mecánica cuántica (en la teoría de campos cuántica), y experimentalmente tiene varios soportes, siendo la evidencia más simple y clara el llamado Efecto Casimir el cual viene a ser un efecto predicho por la teoría cuántica de campos que resulta medible directamente en dispositivos nanométricos, y  queconsiste en que, dados dos objetos metálicos separados por una distancia pequeña comparada con el tamaño de los objetos, aparece una fuerza atractiva entre ambos debido a un efecto asociado al vacío cuántico; siendo precisamente la energía del punto cero la energía más baja que un sistema físico mecano-cuántico puede poseer, y constituyendo así la energía del estado fundamental de todo sistema. Como decimos, en la teoría de campos cuántica la energía del punto cero es un sinónimo de la energía del vacío o de la energía oscura, una cantidad de energía que se asocia con la vacuidad del espacio vacío. En cosmología, la energía del vacío es tomada como la base para la constante cosmológica, y debido a que la energía del punto cero es la energía más baja que un sistema puede tener (y cuyo valor NO es cero), no puede ser eliminada de dicho sistema. Un término relacionado es el campo del punto cero que es el estado de energía más bajo para un campo, su estado base que, insistimos, no es cero.

¿Y qué quiere todo esto decir en pocas palabras? Que alrededor nuestra, en cada punto infinitesimal del espacio, existe un potencial infinito y continuo de creación. Según la teoría cuántica de campos, para cada cualidad particular de la materia (color, carga eléctrica, etc.) existe un campo de infinito potencial compuesto por una infinidad de partículas "virtuales" entrando y saliendo muy rápidamente de la existencia. Tan rápido se crean y se destruyen de hecho estas partículas virtuales, que no hay manera de visualizarlas o detectarlas directamente (de ahí el apelativo de "virtuales"), aunque sí que es posible detectar y medir el efecto que tales partículas ejercen sobre el resto de partículas "reales" que sí son estables y que se pueden detectar. Por lo tanto la física moderna habla de que existen diferentes campos cuánticos (uno por cada cualidad de la materia), y que dichos campos lo conforman una (literalmente) infinidad de partículas entrando y saliendo de la existencia ocupando estos infinitos campos que cubren todo el espacio completo del Universo. Así que sumemos estos campos de infinito potencial de creación de nuestro mundo a la propuesta del Multiverso, y tendremos como resultado una infinidad de Universos cada cual con una infinidad de partículas entrando y saliendo de la existencia en cada instante...Insisto: ¡cuánto cuesta digerir la socorrida salida panteísta de los múltiples Universos cuando se la piensa en profundidad! De hecho, nos surge de inmediato una pregunta: ¿de dónde narices surge todo ese (meta)infinito potencial del que hace gala esa matriz esencial generadora de mundos? ¿Y por qué además dicho potencial pasa constantemente a representarse mediante sucesos inflacionarios en lugar de permanecer en su ser sin inmutarse?

Según la propuesta de Bernard Haisch por contra, este infinito potencial que observamos representado a nuestro alrededor en el fenómeno no es otra cosa más que la mano de ese especulado infinito y eterno Dios (no manifestado) dirigiendo el mundo según su designio e ingenio. Sería Dios el que jugaría por decirlo de alguna manera con las leyes del Universo utilizando su infinito potencial esencial, y ajustando en cada ciclo (en cada Universo) las leyes y contantes de modo tal que pueda experimentar con todas esas combinaciones (interesantes) imaginables. Algunas combinaciones no serán interesantes, y posiblemente Dios no se preocupe demasiado por ellas; y otras combinaciones serán tal que permitan la aparición de vida inteligente y consciente. Precisamente es en el momento en que ese Dios decide manifestarse y experimentarse en estos mundos cuando aparecen seres conscientes como nosotros; seres que pueden considerarse de algún modo por tanto como los "cuerpos" manifiestos de la Verdadera esencia potencial. Así pues, nosotros, como seres conscientes en un mundo creado y sustentado por y para el disfrute y la experimentación del propio Dios, somos en realidad parte de dicha Deidad. Dios experimenta conscientemente a través nuestra, y nosotros somos en realidad meros fragmentos materiales de un mismo y único Dios.

Pero, ¿no es acaso también muy difícil de digerir la propuesta de este autor? Sin duda lo es, y mucho. Sin embargo la verdadera pregunta es, ¿qué es más complicado de digerir?:

1) ¿Que nuestro Universo particular fue creado en un proceso espontáneo ya repetido una infinidad de veces antes durante una infinidad de ciclos previos (o simultáneos) sostenido además por una extraña eterna matriz cuántica esencial de infinito potencial (sin Causa ni Origen) capaz de crear y destruir instantáneamente una infinidad de partículas (en los campos cuánticos de cada mundo) durante una eterna infinidad de tiempo?

2) ¿O que nuestro Universo particular ha sido diseñado a propósito como parte de un ciclo de creaciones ajustadas de tal manera que una esencia de infinito potencial (un Dios "Consciente") pueda experimentarse de todas las maneras imaginables (deseables) mediante la manifestación de sus ideas más aptas para permitir una "consciencia" relativa y material capaz de aprehender en acto lo que como Dios no manifestado solo puede imaginar en potencia?

Si os soy honesto, hoy por hoy, y a pesar de lo que dije en mi anterior artículo (de ayer xD) sobre este tema, no lo tengo ya tan claro tras esta reflexión. Conforme estudio en más detalle la física moderna, la cosmología, y la filosofía oculta en los postulados "científicos" del Multiverso, más complicado y complejo lo veo todo. En realidad no tengo tan claro ya qué postulado es más afín al principio de economía o principio de parsimonia (navaja de Occam). Hay tantos infinitos (y meta-infinitos) implícitos en este moderno panteísmo científico que cada vez se me hace más complicado darle credibilidad. ¿No será después de todo una hipótesis deísta congruente y acorde a los fenómenos del mundo más económica en principios?

Aunque quiero dejar claro que no estoy para nada diciendo que sea la propuesta concreta que defiende Bernard Haisch en este libro la Verdadera metafísica, ni mucho menos; sino que simplemente me estoy seriamente replanteando si no es más sencillo aceptar por principio alguna especie de Diseño inteligente frente a la propuesta panteísta que abala por esa extraña y compleja eterna esencia cuántica de infinito potencial (de desconocida procedencia) capaz de generar y controlar por toda una eternidad una meta-infinidad de mundos, partículas y campos.

No obstante, y a pesar de todo; las consecuencias lógicas en lo relevante a nosotros como sujetos siguen siendo igual de desalentadoras en ambos casos: en el primer caso, el nihilismo campa a sus anchas, y en el segundo, resulta que somos causa de alguna especie de Deidad preocupada por satisfacer algún tipo de Necesidad esencial, pero a la cual no le preocupa lo más mínimo causar daño y dolor a su propia creación y mucho menos el destino de la misma. Y es que, si nos fijamos bien por ejemplo el Dios propuesto por Bernard Haisch, éste no resultaría ser más que un juguetón egocentrista (¿Sádico, quizás?) al cual no le importaría más que experimentar todo lo imaginable de todos los modos posibles mediante el uso de la polaridad necesaria para crear mundos relativos (y experimentales). Siendo de hecho tal polaridad necesaria la causante en última instancia de que exista el mal (en contraposición al bien) en el mundo; mientras que tal potencial fuente de infinito dolor y sufrimiento no parece molestar o preocupar mucho al Dios no manifiesto para llevar a cabo de todas formas su plan de creación: pudiendo más su deseo de experimentar que las consecuencias de tal cración. Es más, si nos fijamos en otras alternativas prometedoras, como la Voluntad de Schopenhauer, resulta que todo de una manera u otra acaba siempre de manera similar con algún tipo de Deidad de infinito potencial diseñando y creando nuestro mundo inmanente a la vez que se desentiende de su propia creación permitiendo el dolor y el mal en el mundo (o incluso buscándolo).

En fin. Que no le veo la gracia a ninguna de las dos alternativas; mientras que la alternativa teísta me suena (y creo que siempre me sonará) a cuento Chino inventado por y para el hombre pero sin un verdadero sustento lógico detrás.

Un abrazo, compañeros.